Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Eso no te lo ha re­velado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo"
21-08-2020
"Eso no te lo ha re­velado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo"

Hemos llegado a un momento clave, estelar, decisivo de este Evangelio según san Mateo que nos acompaña este año. Por fin se produce el desvelamiento humano, en lo que se puede saber, del misterio de Jesús. Y no es casualidad que sea Pedro, este discípulo a quien el evangelista –y Jesús– está preparando para que se convierta en el responsable del grupo y de la misión. Porque es una cuestión doblemente peliaguda: suceder al iniciador de un movimiento o de una misión que ha de abarcar todos los tiempos –hasta que terminen– y todos los lugares –una y otra vez, pasando y repasando, sosteniendo y desarrollando lo ya anunciado– y, a la vez, la razón y legitimidad de por qué lo hace: entender quién es realmente Jesús y lo implica continuar con lo que está haciendo. La primera lectura ilustraba este proceso con el relato de una sustitución de un “mayordomo” o intendente general del palacio real, por deslealtad, ilustra lo que significa este poder o del delegación del mismo para servicio, lo que es ser el mayordomo o intendente del Rey para colaborar de modo decisivo en el servicio radical que este desempeña de cara al pueblo. Esto deja claro el lugar y el papel de Pedro, tras su confesión: no es quien sustituye al Cristo, al verdadero ungido y enviado de Dios, sino quien tiene su confianza para dirigir, orientar, apoyar, sostener, revitalizar, desde el plano humano y temporal, a aquellos que llevan adelante la misión. Pero queda claro que en el centro de esta, como su razón y origen, sigue estando este hombre a quien Pedro, precisamente, reconoce y confiesa como el Mesías, el Hijo del Dios vivo. El proceso para llegar ahí no es una encuesta de opinión sino el resultado del tiempo de convivencia de Pedro y los demás con Jesús: lo que han visto y oído durante este tiempo con Jesús: su enseñanza, sus opiniones, sus actitudes, gestos, milagros, tomas de posición. Eso y la ayuda del mismo “Padre que está en el cielo”, que es quien lo ha revelado, en el fondo, según la opinión de Jesús, que es la que cuenta, al menos para nosotros. Ha sido, sobre todos esos datos humanos, una verdadera “revelación” y así Pedro, y nosotros vislumbramos y comenzamos a comprender quién es Jesús y qué significa lo que está haciendo y cómo vale la pena continuarlo, afirmarlo, culminarlo, dar con Él y con los que han seguido, la propia vida.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:
«Te echaré de tu puesto,
te destituiré de tu cargo.
Aquel día, llamaré a mi siervo,
a Eliacín, hijo de Elcías:
le vestiré tu túnica,
le ceñiré tu banda,
le daré tus poderes;
será padre para los habitantes de Jerusalén,
para el pueblo de Judá.
Colgaré de su hombro la llave del palacio de David:
lo que él abra nadie lo cerrará,
lo que él cierre nadie lo abrirá.
Lo hincaré como un clavo en sitio firme,
dará un trono glorioso a la casa paterna.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!
¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero9 ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva?
Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los si­glos. Amén.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a ' sus discípulos:
–«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
–«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
El les preguntó:
–«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
–«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió:
–«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha re­velado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo:
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desa­tado en el cielo. »
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

LECTURAS DEL DOMINGO


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