Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Tú piensas como los hombres, no como Dios"
28-08-2020
"Tú piensas como los hombres, no como Dios"

Desde el texto de la “confesión de Pedro” y de la profecía con que le respondió Jesús de que él sería la piedra o fundamento de la comunidad que estaba y está construyendo, todo cambia en el relato evangélico. Jesús, el Mesías que realmente ha llegado comienza a explicitar en qué consiste su misión: tiene que ir a Jerusalén –hasta aquí nada que objetar– pero no para tomar el poder sino para “padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas”. Esto es ya extraordinario aunque no sorprendente (primera lectura): todos los profetas que han manifestado y realizado la voluntad de Dios han sido perseguidos y han pagado muy cara su fidelidad a la Palabra divina con la que se identifican: Jeremías “confiesa” que está entregado por completo a su ministerio, que es acercar esa palabra que le posee a quienes la necesitan. Se trata de una experiencia muy dura. El profeta se sabe en manos de la Palabra y eso le proporciona una alegría enorme pero su misión se le ha transformado en “oprobio y vergüenza” y la razón es el contenido del mensaje, que se percibe como negativo, muy contrario a las expectativas. De Dios (y de la vida) solo esperamos buenas noticias y cuando estas no lo son pues inmediatamente culpamos al mensajero (en aquellos tiempos y en todos).

En el caso de Jesús hay mucho más que esto porque el camino que le aguarda no será como el de ningún otro profeta: será rechazado y ejecutado como los otros, pero resucitará al tercer día. Es un camino oscuro aunque con la luz al final, una luz que, con todo, sus discípulos no son capaces ni de imaginar hasta que todo suceda. Pero también un camino que prevé el rechazo, el sufrimiento, la misteriosa acogida de todo lo negativo (como en los poemas de ese otro gran profeta, el Siervo) y por eso Pedro, el mismo que ha confesado hace tan poco, es quien intenta apartar a Jesús de todo eso, de recorrer el verdadero camino del Mesías. Asustado u horrorizado o, simplemente, bajado a la fuerza hacia la realidad desde la altura anterior, Pedro es identificado por Jesús con “Satanás”, el enemigo por excelencia que se opone al plan de Dios. Pedro piensa ahora como los hombres, no según la iluminación recibida de Dios y tendrá que aprender a vivir en la realidad de cómo se va cumpliendo de verdad la Palabra y la misión del Mesías. El camino tras sus pasos significa, ahora y entonces, negación, cargar con la propia cruz, esto es, incluir en la propia perspectiva vital las responsabilidades y los sufrimientos que esta acarrea. La razón para asumirlo es que es el único modo de conservar y trascender la propia vida, pobre, débil y mortal.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías  20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
me forzaste y me pudiste.
Yo era el hazmerreír todo el día,
todos se burlaban de mí.
Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia»,
proclamando: «Destrucción.»
La palabra del Señor se volvió para mí
oprobio y desprecio todo el día.
Me dije: «No me acordaré de él,
no hablaré más en su nombre»;
pero ella era en mis entrañas fuego ardiente,
encerrado en los huesos;
intentaba contenerlo,
y no podía.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vues­tro culto razonable.
Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que te­nía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
–«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
–«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»
Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
–«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará.
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?
¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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