Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos"
05-09-2020
"Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos"

El evangelio que nos acompaña, S. Mateo, y su evangelista, por supuesto, siguen recorriendo el nuevo camino abierto por la confesión de Pedro y las puntualizaciones de Jesús. El es el Mesías y los discípulos son su comunidad y están unidos en el proyecto de hacer realidad el reinado de Dios. La realidad del Mesías tiene que ir configurando, desde el interior pero también hacia el exterior, a ese grupo de hombres y mujers para hacer de ellos la "iglesia", esto es, la asamblea, la comunidad, la familia de los nuevos hijos de Dios. Recordaba la primera lectura que la comunidad de la Alianza necesita al vocero, al profeta, al verdadero pastor que haga a ver a todos el camino y lo que se han desviado de él. El profeta Ezequiel habla a una comunidad ya consolidada, antes y después del exilio. Después, incluso, era más necesaria –una vez perdido el reino, el estado davínico– pero no hay comunidad creyente sin esas conciencias vivas y parlantes que son los profetas. En el Evangelio asistimos al nacimiento y consolidación de una nueva asamblea, o "iglesia", la del Mesías y se nos recuerda la importancia y los matices que añade el proyecto de Jesús en esta tarea, siempre necesaria, de que la comunidad siga siendo lo que tiene que ser, lo que cada uno ha elegido que sea.

No se trata de combatir la "disidencia" o de expulsar a los que piensan o viven de otro modo por qué sí, sino de que la familia de los creyentes sea  un espacio donde se vive de verdad, con todas sus consecuencias, la fe, donde se hace "realidad realmente existente" (perdón por el pleonasmo) el proyecto de Jesús. Así, se establece como un sistema de "gradación" para "corregir" (otra palabra en vías de ser prohíbida) la conducta y la vida entera de los que, libremente, han aceptado ser cristianos y quieren seguir siéndolo. Todo parte del "hermano" que peca, esto es, de manera pública, en sus relaciones, en la coherencia entre fe y existencia. Primero se le reprende su conducta (sean o no consecuencia de sus ideas, quizá también equivocadas) a solas y si el aludido hace caso, "se le habrá salvado". Pero si no hace caso, se recurre a un pequeño grupo de testigos y luego, si persiste en "pecar", que intervenga toda la comunidad, toda la "iglesia". El último recurso es siempre "considerarle un pagano o un publicano", esto es, un extraño, un no-hermano, al menos durante un tiempo y con la intención no de marcarle o declararle impuro, sino de que recacite, que al verse expulsado y solo, sin los hermanos, caiga en la cuenta de su error y se decida, por fin, a cambiar de conducta, a dejar el "pecado" para poder reincorporse al proyecto común. Se habla con toda razón aquí del poder de "atar y desatar", un recurso de los rabinos ante los errados y pecadores que recuerda que el cielo asume las decisiones de los creyentes pero para solo cuando se usa para el bien del "pecador", no para la tranquilidad de la comunidad. Y al revés, se deja claro que este "poder" comunitario se manifiesta clarísimamente y mejor en positivo: cuando unos cuantos o todos se ponen de acuerdo para pedir, inmediatamente son escuchados, porque este acuerdo, que no es un consenso artificial, sino la certeza intersubjetiva de la presencia viva de Jesús, es la que sostiene la iglesia y su proyecto, y ya van casi 2020 años.

» Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (33,7-9):

Así dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: "¡Malvado, eres reo de muerte!", y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (13,8-10):

A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.» Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,15-20):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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