Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete"
11-09-2020
"No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete"

El mesías, que es Dios hecho hombre y siempre cercano, continúa organizando con todo realismo la comunidad que ha de ser su iglesia, el cuerpo, la familia histórica que le siga haciendo presente a través de los tiempos y las circunstancias, que le permita estar siempre cercano a todos los seres humanos, sus hermanos. Si el domingo se ponían se establecían los límites visibles de la comunidad cristiana, hoy se incide en su funcionamiento interno. Jesús afirma con toda claridad, como también hacía la antigua alianza (primera lectura) que el pegamento y sustento de la vida en común (de cualquier modo que esta se dé) y más aún, la única garantía de su profundización y realidad, es el perdón de unos hacia los otros. La pregunta de Pedro es perfectamente lógica y humana y parte de donde partiríamos cada uno de nosotros: ¿hasta donde tengo que llegar? ¿cuál es el límite que se me pide alcanzar? Ser humano es ser limitado, temporal, tener que medir los propios recursos a la hora de abordar cualquier proyecto. Pero la respuesta de Jesús es lúcida y clarificadora: solo el perdón pone límite, freno y solución al pecado, a la ofensa que, casi irremediablemente, causaré o me causará el otro, aquel a quien he querido llamar hermano.

La palabra del Evangelio quiere dilatar nuestra mente y nuestro corazón: quien ha pecado contra mi (y contra quien peco yo) es un hermano, una hermana con quien quiero construir algo nuevo, algo mejor, una alternativa que sea válida para toda la humanidad. No puede ser algo formal, superficial, fingido, delimitado por normas, leyes, reglamentos. La base, la posibilidad de todo está en la misericordia inmensa y el perdón de Dios, como revela la parábola que cierra el fragmento del evangelio. Dios nos ha perdonado a todos, radical, preventiva y totalmente en Cristo, en su palabra, vida, obra, muerte, resurrección. Pero esto se queda solo en palabras y buenos deseos si nosotros no nos “soportamos” y vamos haciendo mejores unos a otros mediante el perdón y el reconocimiento del propio pecado y la propia debilidad. En su estilo, que se va haciendo inconfundible, Jesús señala que “el número prescrito no limita, sino que dilata el perdón, y a lo que el precepto pone un límite, lo asume ilimitadamente la libre voluntad”, como comentaba S. Pedro Crisólogo, y decía más: que “el número siete septuplicado por días, meses y años implica la concesión de la totalidad del perdón”, esto es, el vivir perdonando (y siendo perdonado). Es como un perdón exponencial, que se va multiplicando y qué podría llevar a cambios sustanciales en las personas y la sociedad: “se abolirá de verdad cualquier condición servil, entonces llegará aquella libertad sin fin (…), entonces llegará el verdadero perdón, cuando será incluso abolida la necesidad de pecar” y con el tiempo irá desapareciendo el mal (que nos hacemos unos a otros) del mundo, será el establecimiento real y verdadero del reino de Dios. Y todo porque cada uno nos ocupemos, de verdad, en dar y pedir perdón.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 33-28, 9

Furor y cólera son odiosos;
el pecador los posee.
Del vengativo se vengará el Señor
y llevará estrecha cuenta de sus culpas.
Perdona la ofensa a tu prójimo,
y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.
¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro
y pedir la salud al Señor?
No tiene compasión de su semejante,
¿y pide perdón de sus pecados?
Si él, que es carne, conserva la ira,
¿quién expiará por sus pecados?
Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo;
en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos.
Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo;
la alianza del Señor, y perdona el error.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.
Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor.
Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús:
–«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta:
–«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustar­las, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo."
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:
"Págame lo que me debes."
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:
"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré."
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fue­ron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo lla­mó y le dijo:
¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

LECTURAS DEL DOMINGO


...........