Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Los convidados no hicieron caso"
09-10-2020
"Los convidados no hicieron caso"

En el fondo, todas estas parábolas de las que está bien provisto el evangelio de San Mateo tratan sobre la salvación, nuestra salvación, concepto y, sobre todo, realidad esta que nos tenemos que esforzar por comprender y aceptar. Estamos casi al final del texto y el evangelista, así, presenta de modo resumido y pidiendo una decisión el mensaje y la acción de Jesús. El Evangelio no debería ser nunca considerado como una especie de libro “dulce” o de autoayuda porque, entre otras cosas, no se trata en él de manipularnos o vendernos nada desde supuestos más que cuestionables sino que se nos ofrece la verdad, la vida, la auténtica salvación. Y esta verdad y autenticidad implican que se nos invite siempre a asumir la realidad. El Evangelio es la verdad de Dios que se ha encarnado verdaderamente en la situación y situaciones históricas humanas para, realmente, salvarlas. Y siempre como oferta libre que necesita la aceptación también libre de cada uno de nosotros. Además, en esto nos jugamos verdaderamente la vida. Aceptar o no a Jesús y lo que plantea significa vivir o morir, salvarse o perecer.

La parábola insiste y manifiesta claramente que Jesús afirmaba ser la ocasión definitiva para encontrar al Dios verdadero y para disfrutar de los bienes palpables y espirituales de la salvación. Como la parábola anterior, esta pretende desvelar nuestro desinterés por acoger la invitación de Dios y como elegimos, a menudo, cualquier otra cosa antes que acudir a donde él nos está llamando. Todos tenemos tierras, negocios, redes sociales que atender, carreras a las que entregarse, o tantísimas distracciones que nos aparten inmediatamente de cualquier reflexión o profundización sobre la vida y la realidad, especialmente nuestra propia vida. Esta invitación es humana y, como tal, tendría que atraernos. Si no lo hace, también puede ser responsabilidad de quienes lo encarnamos o sostenemos hoy día, pero quien realmente la presenta es Dios mismo. El envío y sigue enviando a su Hijo (y a nosotros) por todos los caminos para advertir y para invitar a todos, sin filtro en principio. Pero la invitación general (“muchos son los llamados”) lleva en sí también una advertencia: “pocos los escogidos”: todos los regalos y las invitaciones, hasta las que hace la gracia misma de Dios, hay que “currárselos”, trabajarlos, dejarse llevar de lo que significan y de lo que ofrecen. Y si se nos ofrece la vida, la salvación, la eterna bienaventuranza, desde ahora y para siempre, también se nos pedirá mucho: todo, de hecho.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Aquel día,
el Señor de los ejércitos preparará
para todos los pueblos, en este monte,
un festín de manjares suculentos,
un festín de vinos de solera;
manjares enjundiosos, vinos generosos.
Y arrancará en este monte
el velo que cubre a todos los pueblos,
el paño que tapa a todas las naciones.
Aniquilará la muerte para siempre.
El Señor Dios enjugará
las lágrimas de todos los rostros,
y el oprobio de su pueblo
lo alejará de todo el país.
–Lo ha dicho el Señor–.
Aquel día se dirá:
«Aquí está nuestro Dios,
de quien esperábamos que nos salvara;
celebremos y gocemos con su salvación.
La mano del Señor se posará sobre este monte.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses  4, 12-14. 19-20

Hermanos:
Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en com­partir mi tribulación.
En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con mag­nificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús.
A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en pará­bolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
–«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:
"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses ceba­das, y todo está a punto. Venid a la boda."
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los mal­trataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aque­llos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:
"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que en­contraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comen­sales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?"
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:
"Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí se­rá el llanto y el rechinar de dientes."
Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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