Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón,  con toda tu alma, con todo tu ser"
23-10-2020
"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser"

Otra pregunta, otro debate que sirve a Jesús y al evangelista para exponer, para gritar el Evangelio incluso en la cara de quienes lo rechazan. Ante Jesús van desfilando todos los grupos o corrientes existentes en el judaísmo de su tiempo: fariseos, herodianos, saduceos. A todos ellos rebate el Maestro de Galilea, “haciéndoles callar”, como dice el Evangelio. Para el evangelista, Jesús es el gran sabio y conocedor de las Escrituras que es capaz de desmontar los argumentos y las trampas de sus adversarios hasta el punto en que nadie es capaz de responder a sus preguntas (Mt 22, 41ss.) y acaban no atreviéndose a preguntarle de ahí en adelante (Mt 22,46). En nuestra lectura dominical del Evangelio nos hemos "saltado" el episodio en que Jesús “hace callar” a los saduceos, ridiculizando su silogismo contra la resurrección (en la que no creían) y mostrando la verdadera naturaleza de esta y de la intención de Dios. Estamos entonces ante el último debate, pues en el último (Mt 22,42-45) los fariseos ya no pueden responder la pregunta que les pone Jesús. Y se trata en este último debate sobre el amor, considerándolo el mandamiento “más grande”, “más importante”, “el primero”. Y también, aunque no se lo preguntan, les añade cuál es el segundo: amar a los prójimos como a uno mismo. Y un dato más, que tampoco le han pedido: que de estos mandamientos penden (cuelgan), se sostienen, la Ley y los profetas, esto es, la Escritura, la Alianza de los judíos, tal y como les fue dada (Ley) y como se ha ido actualizando (profetas). Esto significa que los mandamientos (o doble mandamiento) del amor fundamenta y mantiene viva la Alianza, la de Israel, y la que Jesús pretende renovar o volver a realizar. En este contexto, los mandamientos son tareas, ciertamente, “obligaciones”, pero también, en su raíz, un don y un regalo. Y podemos afirmar que son el don más grande, el primer regalo, lo que primero y con más abundancia reciben aquellos que aceptan relacionarse con Dios. Saberse amado por Dios es haber sido amado desde siempre, haber sido creado pero no por casualidad o para que haya número, sino de un modo consciente y personal. Y este amor se recibe de modo gratuito (primero, de antemano, sin merecerlo) pero ha de cambiarnos por dentro, transformarnos hasta el punto de que miremos y tratemos a los demás (a los prójimos) como sabemos que hemos sido y somos tratados nosotros mismos. Vivir la alianza, vivir la fe es que nos situemos en nuestro lugar, recibiendo y disfrutando el inmenso amor de Dios como Padre y considerando y tratando a todos nuestros prójimos como hermanos.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Así dice el Señor!
«No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré mo­rir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita conti­go, no serás con él un usurero, cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses  1, 5c-10

Hermanos:
Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la pa­labra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegas­teis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios ha­bía corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos ne­cesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os vol­visteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardan­do la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
–«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo:
–« "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, ~ con toda tu alma, con todo tu ser.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es seme­jante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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