Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo"
30-10-2020
"Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo"

Este domingo es también la gran fiesta de Todos los Santos, en la que cada año vislumbramos a través de la Palabra y la Eucaristía cuál es la meta de la vida y el esfuerzo cristiano: la santidad. Santidad es el nombre común (porque es una invitación a todos) de la aventura de la fe y de la aventura de la vida. El Dios de Jesús nos creó con esa finalidad: ser santos. Es lo mismo que decir que somos imagen y semejanza suya, que no estamos aquí por casualidad. Que el Creador hizo alianza con los hombres en cuanto supo y pudo y ellos pudieron también. Que cuando esta alianza se rompió y se hizo ineficaz –y si no hubiese sido así, entonces para mejorarla– este mismo Dios se hizo hombre como sus creaturas, nos envío a su propio Hijo, que es cómo Él, vino en nuestra carne y compartió todo lo somos (el pecado no, porque no es parte de nuestra naturaleza aunque lo parezca) y hizo todo lo humana y divinamente posible para devolvernos al camino de esta vida original y esta esperanza. Y esto es real y es permanente, es lo que recordamos y celebramos hoy, aun en medio de toda esta desesperanza.

O mejor todavía: precisamente en estas circunstancias brilla mucho más lo que Dios ofrece, sigue ofreciendo y, sobre todo, ha hecho posible. Ser persona, ser hombre, ser mujer es, en sí mismo, una llamada a ser santos. Y que esto es verdad y real lo mostraba la primera lectura: esa profecía de la consumación de la fe y la vida eclesial que es también el libro del apocalipsis, enseña que en el corazón y el deseo de Dios todos seremos salvados (ciento cuarenta y cuatro mil es la  totalidad limitada, la humanidad), alcanzaremos la bienaventuranza, la dicha sin medida, la culminación de todos los proyectos, buenos deseos y la verdad de todas las vidas. Pero también se nos recuerda que esa vida comienza aquí y ahora, acogiendo y viviendo realmente la “amistad con Cristo” que diría Teresa de Jesús, en la aceptación de las bienaventuranzas como puerta y corazón del Evangelio. Los santos son, somos, podemos ser, los “amigos fuertes de Dios”, aceptando y viviendo la pobreza, el displacer y sufrimiento que comporta esta vida, el tener que llorar y desear la justicia, esforzarse en la misericordia, trabajar por la paz de verdad y, sobre todo, asumiendo toda la contradicción, negatividad, frustración que comporta tomar partido y vivir así. Y, lo mejor todo: ser capaces de alegría, de contento en medio de todo eso, sencillamente porque vislumbramos, hemos experimentado en la medida que sea que “la recompensa será grande en el cielo”.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis         7, 2-4. 9-13

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.»
Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.
Y gritaban con voz potente
— ¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!
Y todas los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes, cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo
— Amén: La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y e1 poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Y uno de los ancianos me dijo:
— Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?
Yo le respondí:
— Señor mío, tú lo sabrás. El me respondió:
Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan     3, 1-3

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a Él.
Queridos ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es.
Todo el que tiene esta esperanza en él, se hace puro como puro es él.

» Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo   5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándolos: ,
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

LECTURAS DEL DOMINGO


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