Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Señor, señor, ábrenos"
06-11-2020
"Señor, señor, ábrenos"

Volvemos a las parábolas para ir terminando este año litúrgico con una visión global de toda su obra y predicación y una seria advertencia a “estar en vela”, pues es esta actitud es la única que al final nos va a servir en los momentos actuales para convertir las evidentes razones y motivos de “alarma” y miedo en razonables avisos para permanecer atentos a una realidad que siempre será dura e imprevisible por más que nos la quieran vender como “controlada” por la fuerza y la inteligencia humana. Dicho esto, la verdad es que las parábolas de Jesús no son para nada textos fáciles. Por más que se afirme que Jesús hablaba así para hacerse cercano a los más sencillos, intérpretes y teólogos durante dos mil años no han logrado desentrañar del todo su mensaje y su contenido. Las parábolas siempre se escapan a su sistematización y desvelamiento dejándonos a cada uno la oportunidad del encuentro directo con ellas. Como hemos dicho aquí mismo en otras ocasiones, este modo de hablar está en línea con los profetas y con el mismo corazón expresivo de la Escritura, que nace inspirada para decir y sugerir mucho más de lo que aparece. Jesús era un gran profeta pero también un gran poeta, sin duda, y era capaz de sintetizar en estos textos, sin perder la sencillez de los mismos, mucho más de lo que aparece, para que fueran capaces de provocar y sostener el encuentro con Él en cada época y con cada hombre. Por eso las palabras de  Jesús siguen vivas, penetradas así de la belleza expresiva y literaria. El otro día escuchaba a uno de los pocos intelectuales católicos que aun hablan en primera línea, que en cada parábola hay un gran desafío a la razón (y a su forma más común e incierta, el pragmatismo). En esta, se desafía el concepto mismo de sabiduría, de razón. Es cierto que ésta (primera lectura) es fácil de encontrar, pero quizá no tanto de sostener y guardar para que nos “sirva” en el momento oportuno. La parábola nos advierte que no se trata de una posesión, pero que sin embargo se ha de prever que no falte y que esto no se puede improvisar a última hora y, lo que es peor y parece ir contra toda la visión cristiana del compartir y darse unos a otros: la de unas no sirve para las otras, porque no alcanza o porque no funciona así (cada uno puede pensar lo que quiera). En realidad, ese “aceite” que, al final de todas las cosas, es lo que permite el encuentro definitivo con Cristo, la realización final de la misma salvación, es también lo que lo permite también cada día. Es relación, es gracia, es vida, es fe (que cada uno añada lo que le parezca) es nuestro y es de Él y por eso mismo nadie, aparte de cada uno de nosotros, lo puede encontrar, aceptar, cuidar, cultivar para poder llegar al Lugar que más nos llama y más importa y que es la unión efectiva con el Amado de nuestra vida.

 

» Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16

La sabiduría es radiante e inmarcesible,
la ven fácilmente los que la aman,
y la encuentran los que la buscan;
ella misma se da a conocer a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa:
la encuentra sentada a la puerta.
Meditar en ella es prudencia consumada,
el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones;        
ella misma va de un lado a otro
buscando a los que la merecen;
los aborda benigna por los caminos
y les sale al paso en cada pensamiento.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses  45 13-17

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos pa­ra que no os aflijáis como los hombres sin esperanza.
Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo mo­do, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.
Esto es lo que os decimos como palabra del Señor:
Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Se­ñor, no aventajaremos a los difuntos.
Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcán­gel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar.
Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
–«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
"¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!"
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas:
"Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas."
Pero las sensatas contestaron:
"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban pre­paradas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
"Señor, señor, ábrenos."
Pero él respondió:
"Os lo aseguro: no os conozco."
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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