Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Se las has revelado a la gente sencilla"
03-07-2020
"Se las has revelado a la gente sencilla"

Hoy, el Evangelio, nos invita a reflexionar, directamente, sobre el misterio que está en el corazón de la vida de Jesús. Su figura humilde, sencilla suscitaba muchas preguntas que tenían todo tipo de respuestas. Como señalaba la primera lectura, la idea de un mesías humilde, modesto, que entra en Jerusalén cabalgando en un burro, el animal que representa el trabajo y el servicio, aparecía, aunque poco, en los profetas. Aún así o quizá precisamente por eso, destruirá carros y caballos de guerra y dictará la paz, dominando de mar a mar. Es decir: que este hombre misterioso y modesto será efectivamente el mesías, quien ha de combatir la injusticia y hacer desaparecer el azote de la guerra. Como se suele decir, ‘lo cortés no quita lo valiente’, la sencillez y humildad no impedirá al elegido de Dios cumplir su misión esencial. Más aún, como decía, el Evangelio, será esto, precisamente, el medio elegido para conseguir los fines de su misión. Jesús no será un “domador de personas” como presumen otros mesianismos, sino Alguien con una oferta bien concreta de parte de Dios que sabía mostrarla con palabras y gestos que precisaban, con todo, la aceptación de quienes ven y escuchan. Hay que saber traspasar las apariencias plenamente humanas de Jesús para conectar con quién es realmente. Jesús alaba y da gracias a Dios mismo porque quienes le saben reconocer y caen en la cuenta de la oferta que trae son también los sencillos y los pobres, en realidad, quienes más lo necesitan, quienes reconocen a través de su propia no importancia, qué o quién se esconde tras ese judío marginal que habla y obra la esperanza.

Este –dice Jesús– ha sido y es el plan de Dios. Los sabios  y aquellos que se creen grandes e importantes no se enteran o no se quieren enterar. Porque si resulta que lo mejor de la vida también es accesible a los que no tienen nada y no son valorados por los criterios mundanos. En aquella época, como en la nuestra, como en todas, siempre ha habido unos estándares de aceptación social basados en la riqueza, la formación, el aspecto físico, la familia o los amigos. El Evangelio rompe completamente con estos estándares para encontrar directamente a cada persona, que el corazón es sencilla, modesta, humilde. Sin desdeñar la riqueza, la formación ni las amistades, se trata de conectar con el verdadero ser –pobre en el sentido positivo– de cada uno. Solo ahí se puede reconocer la verdad de Jesús que es la presencia y cercanía de un Dios que no es una carga más ni una obligación, sino ayuda, descanso, perdón. Hay que vivir, hay que caminar, y eso significa siempre esfuerzo y más si se quiere vivir en la verdad pero no estamos solos: Jesús nos ha encontrado, le hemos reconocido y nos acompaña cada día hasta el mismo fin de mundo.

» Primera Lectura

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Así dice el Señor:
«Alégrate, hija de Sión;
canta, hija de Jerusalén;
mira a tu rey que viene a ti
justo y victorioso;
modesto y cabalgando en un asno,
en un pollino de borrica.
Destruirá los carros de Efraín,
los caballos de Jerusalén,
romperá los arcos guerreros,
dictará la paz a las naciones;
dominará de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. »

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos:
Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros.
El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
–«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

LECTURAS DEL DOMINGO