Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras"
31-07-2020
"Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras"

La Palabra de Dios que nos sigue acompañando y alimentando en toda circunstancia, especialmente en medio de la incertidumbre que vivimos, nos recordaba hoy que la acción de Dios, especialmente la que sucede en Jesucristo, es un don, es gratuita y las implicaciones que ello tiene en nuestra vida y nuestra fe. Lo decía claramente la primera lectura: si algo tiene Dios como honra y orgullo es su generosidad –por eso queda tan mal ser tacaño y creyente en este mismo Dios–. Es y está ahí para dar y lo hace gratis: el agua, la vida, el alimento, la inteligencia que nos ha permitido hacer cómodo, maravilloso y humano este mundo, aunque también ha estado en el origen de muchos desastres y conflictos. Y no solo lo material: el Señor regala también su palabra, su presencia, compañía, amor, luz y ánimos para seguir adelante. El fin de todo esto que comprendamos que vivimos en alianza, en “religación”, con Él y entre nosotros. Esto es lo que quiere mostrar claramente el Evangelio: Jesús ha venido a hacer realidad esa presencia divina que es siempre bendición y don, porque nos ama y quien os quiere de verdad no nos juzga ni desprecia, sino todo lo contrario.

Por eso a Jesús no le detiene la amenaza implícita que significa la muerte de Juan el profeta y aunque busca unos días de paz y tranquilidad para reorganizar a su gente, cuando la gente le encuentra vuelve a dedicarse a acogerles y alimentarles con la palabra pero no solo con ella. Los discípulos, lógicamente, opinan, prudentemente, que es mejor que la gente se vaya a su casa, una vez terminado el “servicio” o la “celebración” para comer algo. Pero Jesús opina que “no hace falta que se vayan” y les ordena: “dadles vosotros de comer”. Seguramente esto no significa una advertencia a la praxis normal de nuestras iglesias sino que pretende subrayar la calidad del don que contiene el mismo encuentro de los creyentes con Jesús. Significa que allí está Dios mismo, con su legendaria generosidad, y que, por tanto, donde está Dios de verdad no puede haber necesidad pues su riqueza llena, colma, plenifica no solo a quien reza en la soledad de su habitación sino a todos los que participan y se exponen a su acción. Por eso cuando Jesús recoge lo que hay, poco o mucho –siempre poco cuando hay mucha gente–, e invoca la bendición de Dios, el alimento se multiplica y todos quedan satisfechos y, aún, sobra, simbólicamente, para todos. Ojalá caigamos en la cuenta cada día de los maravillosos dones que Dios nos hace y sepamos compartirlos con nuestra confianza, esfuerzo y trabajo.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 55, 1-3

Así dice el Señor–
«Oíd, sedientos todos, acudid por agua,
también los que no tenéis dinero:
venid, comprad trigo, comed sin pagar
vino y leche de balde.
¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta,
y el salario en lo que no da hartura?
Escuchadme atentos, y comeréis bien,
saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad el oído, venid a mí:
escuchadme, y viviréis.
Sellaré con vosotros alianza perpetua,
la promesa que aseguré a David.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39

Hermanos:
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha ama­do. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni pro­fundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios ma­nifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos.
Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
–«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas, y se compren de comer.»
Jesús les replicó:
–«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron:
–«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo:
–«Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

 

LECTURAS DEL DOMINGO