Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna"
20-11-2020
"Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna"

No podía ser de otra manera: el Evangelio de San Mateo se despide en este domingo y Fiesta de Jesucristo Rey y Señor del Universo, con la última de sus parábolas, la que narra nada más y nada menos que el juicio final. El texto se conecta, directamente, con la parábola del domingo pasado. Así, la “venida” del señor de la parábola se conecta con “cuando venga el hijo del hombre” y las conclusiones de la anterior parábola se amplían o concretan con el texto de hoy. No hay mención explícita a que el relato sea una parábola, como otras veces, pero el contexto y la forma literaria del texto nos hacen pensar que lo es. Se trata de un buen resumen de todo lo que Evangelio expone, una ayuda para concretar qué es lo que tenemos que hacer y qué, por tanto, es lo que podemos esperar. No se usa un lenguaje metafórico, al menos al principio, sino directo: el Hijo del Hombre vendrá “en su gloria”, esto es, al término de los días y de la historia, haciendo real de modo definitivo lo que ya lo es en la palabra y las acciones de Jesús, que es quien se da a sí mismo este título de “hijo del hombre”.

El sentido no puede ser más claro: el hijo del hombre es el juez (el rey, el Señor) de todos los demás hombres y sus criterios de discernimiento se fundamentan en que Él mismo se identifica con todos aquellos que sufren y que necesitan ayuda, asistencia, apoyo, pobres débiles y necesitados. Quien haya obrado como obró el Hijo del hombre (Jesús de Nazaret) según cuenta el Evangelio, “marcharán a la vida eterna” y quienes no “al castigo eterno”. No estamos acostumbrados a un lenguaje tan directo, a que nos hablen sobre “salvación” o “condenación” definitivas. De ambas podemos hacer experiencia en la vida: realización, plenitud frente a vida arruinada o desperdiciada. Siguiendo al ambiente, antes que a la Palabra de Dios (que no habla precisamente en enigmas sino bien clarito) corremos el peligro de hacer caso a cualquier otra doctrina “buenista” (todo acabará bien) o “catastrofista” (todo acabará mal, según gustos) que nos resulte más agradable al oído o menos molesta. En esta fiesta que cierra el ciclo o año litúrgico recordamos, no de improviso, cuál es la realidad y la verdad que profesamos. La “realeza” de Jesús, el corazón y la mente de Dios Padre, es esta identificación desde la raíz con sus criaturas, nosotros, que se manifiesta en la atención concreta y efectiva a los prójimos más necesitados. El Evangelio (bienaventuranzas, signos y gestos de Jesús) de Mateo ha anunciado que la realidad del mundo y las relaciones con Dios (alianza) y entre nosotros han empezado a cambiar. Y también anuncia que este cambio es irreversible. Así cuando sucede lo “definitivo” (la muerte), otro tema que no se menciona, lo único que permanece y sobrevive es esta aproximación concreta y real a la actuación compasiva y misericordiosa de Jesús, Dios hecho hombre, para ser Señor de vivos y muertos.

» Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así dice el Señor Dios:
«Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas,
siguiendo su rastro.
Como sigue el pastor el rastro de su rebaño,
cuando las ovejas se le dispersan,
así seguiré yo el rastro de mis ovejas
y las libraré,
sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron
un día de oscuridad y nubarrones.
Yo mismo apacentaré mis ovejas,
yo mismo las haré sestear
–oráculo del Señor Dios–.
Buscaré las ovejas perdidas,
recogeré a las descarriadas;
vendaré a las heridas;
curaré a las enfermas:
a las gordas y fuertes las guardaré
y las apacentaré como es debido.
Y a vosotras, mis ovejas,
así dice el Señor:
Voy a juzgar entre oveja y oveja,
entre carnero y macho cabrío.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la re­surrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últi­mos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniqui­lado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estra­do de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte.
Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se some­terá a Dios, al que se lo había sometido todo.
Y así Dios lo será todo para todos.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los án­geles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino prepara­do para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me ves­tisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuando te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá:
"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda:
"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o des­nudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Y él replicará:
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

LECTURAS DEL DOMINGO