Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Maestro, ¿dónde vives?"
15-01-2021
"Maestro, ¿dónde vives?"

Los cuatro evangelios (el Evangelio cuatriforme de Dei Verbum n.18) contienen relatos de llamada y vocación como los de hoy. Juan el Bautista señala a Jesús en dirección a sus discípulos (unos discípulos que él no había buscado pero que le seguían) y estos van detrás de aquél a quien su maestro ha denominado “el cordero de Dios”. Para entenderlo mejor, la primera lectura nos recordaba este hermoso texto de la llamada del niño Samuel: Dios llama a este pequeño servidor del templo, a quien su madre había entregado a causa de un voto, pero esto no bastaba. Samuel no conoce a Dios y tiene que ser Elí, el viejo sacerdote, quien le diga lo que tiene hacer, cómo tiene que responder, hacia donde se tiene que dirigir. A partir de aquí Samuel inicia una relación personal con el invisible Dios de Israel que le llevará a ser un gran profeta, un verdadero “amigo fuerte de Dios”, que diríamos nosotros tomando la expresión teresiana. Lo que hace la llamada divina es concretar su gracia y su llamada universal a la salvación, presente en nuestra naturaleza, en la historia y en la vida misma, puesto que hemos sido creados predispuestos ya a escuchar esta voz, a vivir este encuentro histórico sí, pero también único y destinado a fundamentar la trascendencia de cada uno en el marco de la trascendencia universal de toda vida humana. Es decir, por quienes somos y por donde estamos, Dios nos llama al encuentro con Él, porque es creador y porque es Padre y hemos venido a este mundo por amor y para amar.

En el Evangelio esta llamada universal a la comunión con Dios se concreta y se realiza siguiendo a Jesús, el cordero de Dios. El diálogo entre Jesús y cada uno de los discípulos nos da las claves de nuestra propia llamada, que se ha producido o se va a producir si estamos leyendo esto o, peor, si leemos la Palabra o acudimos a la Eucaristía. Primero, Jesús sabe que le siguen, se vuelve y les pregunta qué están buscando. Ellos le responden llamándole Maestro y preguntando por su morada para convertirse en sus discípulos, como se hacía con los rabinos judíos. Jesús les dice que vengan y lo vean ellos mismos, esto es, que experimenten quien es y donde vive yendo detrás de él. Un día con Jesús les basta para que se conviertan en “apóstoles”, capaces de llevar hasta Jesús a otros bajo la confesión de que “hemos encontrado al Mesías, al Cristo de Dios”. En la experiencia de cada uno que hemos respondido a la llamada siempre hay un momento así, ya sea de modo inmediato o tras larga reflexión pero reconociendo la verdad y libertad de esta decisión, como todo, en sus frutos y consecuencias, en una vida real de amor a los demás y servicio al Evangelio. Después de este encuentro, ya nos somos los mismos. Hemos recibido un nuevo nombre, público o secreto, ahora somos, todos, “amigos fuertes de Dios” en Jesús, el Mesías.

» Primera Lectura

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:
– «Aquí estoy.»
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
– «No te he llamado; vuelve a acostarte.»
Samuel volvió a acostarse.
Volvió a llamar el Señor a Samuel.
Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo:
– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
– «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.»
Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo:
– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel:
– «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha."»
Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes:
– «¡Samuel, Samuel!»
Él respondió:
– «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.»
Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus pa­labras dejó de cumplirse.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20

Hermanos:
El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo.
Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará tam­bién a nosotros.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?
El que se une al Señor es un espíritu con él.
Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿0 es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo ha­béis recibido de Dios.
No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pa­gando un precio por vosotros.
Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Juan 1,35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
– «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
– «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
– «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo:
– «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su her­mano Simón y le dice:
– «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
– «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

LECTURAS DEL DOMINGO