Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No les queda vino"
18-01-2019
"No les queda vino"

Todavía hoy, el primer domingo “ordinario”, o normal tras las navidades, es un eco de estas fiestas, que son entrañables, significativas, básicas y definitivas en la comprensión y la vivencia de la fe en Cristo. Se trata hoy también, como en las fiestas de la epifanía y el bautismo, de la manifestación a Israel y al mundo, de este Hombre, que es quien tenía que venir, el Mesías, el Salvador, aquél que da luz y vida. Y se toma para ello el Evangelio de Juan, en este texto especialmente significativo. Se trata de un Signo, obrado por Jesús, pero que necesita la interpretación de los que contemplan o comparten, que aun sigue necesitando que nosotros lo valoremos y entendamos en nuestra vida y sus circunstancias. El primer Signo de Jesús se nos ofrece en un relato con muchos significados y, como en otras ocasiones, la primera lectura nos orienta para entenderlo mejor. Se trata aquí de una boda, pero no entre dos personas, sino de la salvación entendida como unión íntima, entrega mutua, entre Dios y el pueblo, entre Dios y cada uno. El Evangelio, anteriormente, ya ha señalado a Jesús como aquel que viene como Esposo, el que es digno de desatar la sandalia y reclamar así su derecho a desposar, salvar, redimir, asumir la naturaleza humana. Desde este momento, ya no nos sentiremos abandonados, devastados o derrotados porque aquí está quien declara que nos prefiere a cada uno, por encima de todo, y quiere unirse con nosotros (primera lectura). Por eso el Evangelio relata una boda, aunque no aparece la novia, y en la cual Jesús manifiesta su gloria, su intención fundamental, y comienzan a creer sus discípulos en Él, esto es, comienzan a entender lo que de verdad se juega, se experimenta y se recibe (y se tiene por tanto que entregar) en esta aventura. El Signo, en concreto, que consiste en la transformación del agua inútil de las purificaciones rituales de los judíos (significando toda la antigua alianza) en el vino nuevo de la alegría y la fiesta (que simboliza la nueva alianza), señala que en Jesús sí se puede gustar real e históricamente este amor de Dios.

Que gracias a Él ya nos estamos solos pues Dios asume nuestra vida, lo que somos y queremos ser. Se ha de entender también que es en la misma Eucaristía donde todo esto se recuerda, revive y experimenta, se realiza para que podamos llevarlo cada uno a nuestra vida. Por nuestra parte, es imprescindible la fe, la acogida, el darle ocasión a Jesús de transformar en fiesta, perdón, fraternidad nuestra vida y sus relaciones.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Isaías 62, 1-5
Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia
y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes, tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «abandonada»,
 ni a tu tierra «devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»;
Porque el Señor te prefiere a ti
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,4-11
Hermanos:
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu;
hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor;
y hay diversidad de funciones,
pero un mismo Dios que obra todo en todos.
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría;
otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu.
Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe;
 y otro, por el mismo Espíritu, don de curar.
A éste le han concedido hacer milagros;
a aquél, profetizar.
A otro, distinguir los buenos y malos espíritus.
A uno, el lenguaje arcano;
a otro, el don de interpretarlo.
El mismo y único Espíritu obra todo esto,
repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 2, 1-12
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:
–No les queda vino.
Jesús le contestó:
–Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.
Su madre dijo a los sirvientes:
–Haced lo que él diga.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
–Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
–Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
–Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.
Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

LECTURAS DEL DOMINGO