Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"¡Ojalá estuviera ya ardiendo!"
16-08-2019
"¡Ojalá estuviera ya ardiendo!"

Lucas, el evangelista de los pobres, la alegría, la paz (o así considerado por algunos) no se corta de proclamar la verdad de su misión a los discípulos, aunque se “desmoralicen” (primera lectura). Porque esta es la realidad: la Palabra de Dios no viene (solo) a poner paños calientes, a curar, a evitar enfrentamientos. Su misión también incluye el desequilibrar, inquietar, cuestionar, “incendiar” decía incluso el Evangelio. Y además, que sea cuanto antes: ¡ojalá estuviese ya el mundo ardiendo! y lo que tenga que venir, que venga hoy mejor que mañana. Jesús no trae paz o falsa paz, sino división, crisis, Verdad que llevan a la destrucción de las apariencias y la falsedad y a la puesta en marcha de un mundo nuevo. Y para edificar algo previamente hay que destruir o, por lo menos, remover, caer en la cuenta de que lo que tenemos no sirve, no se puede soportar o que es mejorable, adaptable, reformable. Como el profeta Jeremías, Jesús pone el dedo en la llaga, saca a la luz aquello de lo que nadie habla para limpiar y purificar, para curar en profundidad, para discernir lo que no sirve o no funciona. Para ello, Jesús como antes Jeremías, compromete su propia vida, la arriesga, es consciente del peligro que significa hablar y actuar contra las convicciones profundas sociales y religiosas. Sabe que esto le constará el prestigio, la fama y hasta la misma vida pero no importa porque esta es la misión de los profetas: manifestar la verdad, cueste lo que cueste y pese a quien pese. A menudo, para llegar a la unidad es preciso dividir, para llegar a la felicidad es preciso negar la estabilidad y despreocupación feliz que gozamos. El proyecto de Jesús es la Misión encomendada por el Padre de salvar y sanar, de que no se pierda ninguno de los que ya se creían perdidos y de restaurar o transformar todas las cosas de acuerdo al plan original de Dios.

También esto significa, a menudo, tener que atravesar aquello que más se tema y si Jeremías debió predicar de parte de Dios la rendición y sumisión a los enemigos para salvar por lo menos la vida, Jesús también tiene que decir lo que nadie escuchar: que lo que hasta ahora pensamos y vivimos no vale para alcanzar nuestra verdadera meta. Que no se construye un mundo nuevo donde quepamos todos a base de autodeterminaciones e individualismo de las personas, las comunidades y los pueblos, sino dejándolo todo y siguiendo, de cerca, a Aquél que afronta el odio, el desprecio y la muerte para conducirnos a todos a vivir realmente en la casa del Padre.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Jeremías 38, 4-6. 8-10

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey:
–Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad, y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.
Respondió el rey Sedecías:
–Ahí lo tenéis, en vuestro poder: El rey no puede nada contra vosotros.
Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Melquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.
Ebedmelek salió del palacio y habló al rey:
–Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre (porque no quedaba pan en la ciudad).
Entonces el rey ordenó a Ebedmelek:
–Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 1-4

Hermanos:
Una nube ingente de espectadores nos rodea:
por tanto, quitémonos lo que nos estorba
y el pecado que nos ata,
y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos,
fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús,
que renunciando al gozo inmediato,
soportó la cruz, sin miedo a la ignominia,
y ahora está sentado a la derecha del Padre.
Recordad al que soportó la oposición de los pecadores,
y no os canséis ni perdáis el ánimo.
Todavía no habéis llegado a la sangre
en vuestra pelea contra el pecado.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.
En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

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