Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No sabéis cuándo es el momento"
27-11-2020
"No sabéis cuándo es el momento"

Reemprendemos desde su mismo comienzo la vivencia, actualizada en nuestras vidas y presentes circunstancias, del misterio cristiano. Este primer domingo del Adviento deja bien claro que el corazón de este misterio de la fe es la cercanía de Dios, esto es, que el Dios invisible, creador y origen de la vida y de todo cuanto existe, ha querido estar siempre presente entre sus criaturas y que, progresivamente, como nos recordaba la primera lectura, ha ido descubriendo su rostro, acercándose en forma de relación personal especialmente a quien mejor lo podía percibir, el hombre, esto es, cada uno de nosotros. Percibido a veces entre oscuridades, el pueblo de Israel, primero, y los cristianos después, hemos tenido la certeza de que “eres nuestro Padre” y pese a no entender tantas cosas (ni entenderlas ahora tampoco), la fe nos hace intuir y conocer que Él está cerca y camina con nosotros, en la medida que le vamos dejando. Se siente la compañía y protección de aquel a quien Teresa nos invitaba a considerar como “amigo verdadero que nunca falla”. Y todo eso, pese a nuestra infidelidad y poca constancia en la fe, el Señor siempre se las ha apañado para mantener viva esta conciencia de que “somos todos obra de tu mano”. Esta relación de sana dependencia respecto de Dios suena hoy a fantasía cuando la verdad es todo lo contrario: no hay nada más irreal y fantasioso que pensar que somos autónomos e independientes unos de otros y que el amor y el servicio mutuo, la compasión de unos por otros, amenaza nuestra felicidad. Por eso el Evangelio, sin cansarse, nos recuerda nuestro deber creyente de “velar”, de permanecer vigilantes porque, sencillamente, no podemos saber el momento en que se “rasgarán los cielos” para nosotros, y para cada uno, esto es, cuando descubriremos por fin la cercanía del Señor y de su actuación en nuestras vidas. La vida creyente camina hacia su culminación, es un continuo camino hacia la luz y la manifestación cada vez más clara de Dios en nuestra propia realidad y carne. Aunque no estamos esperando ni velando por lo desconocido: los cielos ya se rasgaron y sabemos, por el Evangelio, a quien volveremos a ver.

Tenemos, además, recibida de él, una tarea, que es acoger el amor del Padre y vivirlo, de cerca, entre nosotros. Desconocemos el momento del encuentro final, el que traerá la plenitud, tanto a nivel personal como de todos. Sería una pena, un pequeño fracaso que después de toda una vida de vela y esfuerzo, llegase ese momento y nos lo perdiéramos por habernos dormido.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7

Tú, Señor, eres nuestro padre,
tu nombre de siempre es «Nuestro redentor».
Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos
y endureces nuestro corazón para que no te tema?
Vuélvete, por amor a tus siervos
y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y bajases,
derritiendo los montes con tu presencia!
Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia.
jamás oído oyó ni ojo vio
un Dios, fuera de ti,
que hiciera tanto por el que espera en él.
Sales al encuentro del que practica la justicia
y se acuerda de tus caminos.
Estabas airado, y nosotros fracasamos:
aparta nuestras culpas, y seremos salvos.
Todos éramos impuros,
nuestra justicia era un paño manchado;
todos nos marchitábamos como follaje,
nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre
ni se esforzaba por aferrarse a ti;
pues nos ocultabas tu rostro
y nos entregabas en poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre,
nosotros la arcilla y tú el alfarero:
somos todos obra de tu mano.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios l, 3-9

Hermanos:
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Se­ñor Jesucristo sean con vosotros.
En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús.
Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo.
De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguar­dáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
El os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de que acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro.
Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo,

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 13, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–«Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

LECTURAS DEL DOMINGO


...........