Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?"
18-10-2019
"Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?"

La vivencia de la fe exige constancia, continuidad. Dios está en la realidad pero no de manera evidente. El Evangelio nos proporciona las pistas, las ocasiones para encontrarle, para hacernos saber que nos busca, que nos ama, que está ahí deseando manifestársenos, relacionarse verdaderamente con cada uno. Hoy se nos hablaba de la oración, lo mismo que el domingo anterior se nos recordaba cómo Jesús actúa y acoge, sana y salva a cualquiera que acuda a Él con necesidad de reconocimiento, perdón, cariño. Orar es un espacio especial para vivir la fe. Cada tiempo de oración es vivencia, puesta en práctica de lo que creemos, como decía el Evangelio. Es más, como añadía la primera lectura, a menudo la oración es lo único que sostiene la acción que nos enfrenta a tantos enemigos que nos quieren tumbar o hacer fracasar. Orar es resistir frente a todo y todos los que quieren que fracasemos o que no lleguemos a la comunión que es el propósito de nuestra vida. Si nos mantenemos en relación, bajo la influencia, de Aquel que no desea más que poder acompañarnos, protegernos, cuidarnos, nos podremos mantener en el camino que libremente hemos elegido, el que lleva a la vida y la libertad, el que se recorre en comunidad y fraternidad. Al final es esta comunidad la que sostiene la oración del profeta para que él pueda sostener la lucha de todos.

Por todo ello, Jesús enseña y motiva la oración incesante y continuada, la oración que insiste frente a todas las circunstancias y apariencias, que acaba descubriendo a fuerza de perseverar, el auténtico rostro de Dios. El Dios amigo, hermano en Jesús, es la realidad que tenemos más cerca pero debido a sus características propias y las nuestras (Teresa de Jesús diría, “condiciones” o modos de ser y estar), el encuentro cuesta (“hanse de encontrar las condiciones”, decía e insistía ella). Por parte de Dios no le falta ni el tiempo ni la paciencia ni el amor; por nuestra parte, tiempo cada vez menos, paciencia la justa y es en la cuestión del amor donde más fuerza podemos hacer. En realidad la insistencia invencible que acaba penetrando un corazón duro y egoísta como el del juez de la parábola, no se dirige contra Dios, en nuestro caso, sino “contra” nosotros mismos. Lo que hemos de vencer no es la despreocupación de Dios sino nuestra propia desconfianza y falta de experiencia. Orar es creer, creer es experiencia radical del Dios de Cristo.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Exodo 17, 8-13

En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín.
Moisés dijo a Josué:
–Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte con el bastón maravilloso en la mano.
Hizo Josué lo que le decía Moisés y atacó a Amalec; Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte.
Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía bajada, vencía Amalec. Y como le pesaban las manos, sus companeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentase,– Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado.
Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.
Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 3, 14–4, 2

Querido hermano:
Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado;
sabiendo de quién lo aprendiste,
y que de niño conoces la Sagrada Escritura:
Ella puede darte la sabiduría
que por la fe en Cristo Jesús
conduce a la salvación.
Toda Escritura inspirada por Dios
es también útil para enseñar,
para reprender, para corregir,
para educar en la virtud:
así el hombre de Dios estará perfectamente equipado
para toda obra buena.
Ante Dios y ante Cristo Jesús,
que ha de juzgar a vivos y muertos,
te conjuro por su venida en majestad:
proclama la Palabra,
insiste a tiempo y a destiempo,
reprende, reprocha, exhorta,
con toda comprensión y pedagogía.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
–Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».
Y el Señor respondió:
–Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

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