Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"La virgen se llamaba María"
06-12-2019
"La virgen se llamaba María"

Unimos la celebración del segundo domingo de Adviento con la gran fiesta de la Inmaculada Virgen María, gracias a la especial vinculación de esta celebración con España. Además, ya de por sí, esta fiesta mariana tiene un papel muy importante en este tiempo de Adviento donde la Madre de Dios aparece como Maestra y Madre, la que mejor puede mostrarnos y enseñarnos a reconocer a su hijo Jesús, que está viniendo a nuestras vidas cada día. Como decía la primera lectura, María significa la actitud completamente opuesta a la de la primera pareja humana: toda su sensibilidad, inteligencia, sabiduría le sirven para reconocer la visita de Dios -no para la máxima desconfianza como relata el Génesis- y reaccionar como cualquier persona debería hacerlo. María sabe que Dios no es el enemigo ni la gran invención de los hombres, la suma de sus miedos y debilidades sino todo lo contrario: Quien es y está siempre detrás, dando sentido, y por delante, dando aliento y ánimo. Que no es que exista, es que es y está en la misma realidad, como al principio, a favor nuestro, ofreciendo su amistad, amor, protección. Dando una y otra vez la ocasión a cada uno de caminar con Él, de acompañarnos. Porque lo que podemos esperar de caminar en soledad, lo anuncia la lectura y lo ilustra la historia humana: la sabiduría que excluye a Dios solo nos descubre que estamos desnudos, solos, pobres, débiles, enfrentados unos con otros y compitiendo por unos recursos que bastarían para todos si se compartiesen. María, en cambio, ignora toda esta corriente de mal y desconfianza para volver a lo que debería haber sido el encuentro entre hombre y Dios: acogida confiada, diálogo en verdad desde su realidad y circunstancias y disponibilidad plena a su voluntad, que es el bien supremo para el hombre y la experiencia básica de sentirnos queridos y cuidados. Jesús viene y lo hace gracias a María, a su sí sin condiciones, a su relación plena con el Dios que es y está siempre presente y queriendo cuidarnos y darnos la alegría que necesitamos para vivir y afrontar todo lo que la vida trae y que no siempre es a nuestro gusto. Celebramos a María, una mujer de verdad, que en el momento decisivo de toda vida humana tuvo el temple de hacer las preguntas (creer es también dudar y pedir explicaciones) que importaban y luego dar la respuesta que nos sirve también a todos: su sí a la presencia de Dios, a la salvación, a la verdad, la luz y la vida. Su gesto y su vida entera realizan realmente lo que todos los profetas quisieron haber visto: ella es el reino que se implanta, la nueva humanidad en comunión con Dios que trae a esta realidad al Señor, al Salvador, a Jesucristo.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis       3, 9-15. 20

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:
–«¿Dónde estás?»
Él contestó:
–«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.»
El Señor le replicó:
–«¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»
Adán respondió:
–«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.»
El Señor dijo a la mujer:
–«¿Qué es lo que has hecho?»
Ella respondió:
–«La serpiente me engañó, y comí.»
El Señor Dios dijo a la serpiente:
–«Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»
El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15,4-9

      Hermanos:
      Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.
      Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
      En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así, dice la Escritura:
«Te alabaré en medio de los gentiles
y cantaré a tu nombre. »

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas  1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
–«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
–«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel:
–«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
–«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay iniposible.» María contestó:
–«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

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