Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"El que pierda su vida por mí la encontrará"
26-06-2020
"El que pierda su vida por mí la encontrará"

De la mano del evangelista Mateo, el fragmento de hoy nos hace cuestionar qué o quién es el fundamento de nuestra vida de fe, de nuestra experiencia cristiana. La fe es relación, es vida y esta es tal cuando se refiere a personas, a la familia, a aquellos con los que realmente vivimos, se inserta y reordena, de hecho todas estas relaciones. Jesús, directamente, compara la relación fundante que es la fe en comparación con las más fuertes e importantes que marcan, normalmente, una vida humana: las que tenemos con nuestros padres o con nuestros hijos. Para él, el seguimiento, la realización práctica de la vida cristiana tiene que ser más fuerte o más básica o más fundamental que estas importantísimas relaciones humanas. No los ilustraba la primera lectura: cuando el profeta Eliseo desea hacer algo realmente importante por esa señora que le acoge decide facilitar que tenga un hijo. Los hijos son, a menudo, el sentido de la vida para sus padres y estos el fundamento de la existencia para aquellos.

Jesús introduce ahí mismo el seguimiento de su persona: el amor a él que es el que impulsa a seguirle y vivir con él, como él, tiene que ser mayor que el que se tiene o tendría a los propios padres y a los propios hijos. Se trata, seguramente, de una de esas expresiones de Jesús que pretenden romper nuestra concepción del mundo y la vida para que caigamos en la cuenta de lo que significa la irrupción de su persona y proyecto vital. Los versículos siguientes nos llevan en esta dirección: todo ha cambiado tras el paso de Cristo, todo puede ser nuevo, con tal que caigamos en la cuenta de ello y sepamos actuar en consecuencia. Tras Jesús, lo que antes era salvar la vida o aprovecharla en los propios asuntos, ahora es perderla. La realidad ha cambiado, todo es diferente, se centra en Cristo y en vivir y testimoniar su proyecto y su misión. Quien viva y obre para apoyarla, encontrará sentido, alegría, futuro, vida de verdad. El amor a Cristo, por tanto, que se ha encontrado con cada uno de nosotros, tiene que ser el primero, el fundamental, el motivo que, desde este encuentro, da fuerza a los demás, a toda la entrega que significa devolver el amor a los padres e invertirlo en los hijos, sin cansarnos, encontrando siempre una nueva fuerza para afrontar una vida que, a lo mejor, no cambia demasiado en los exterior pero que es completamente otra desde el interior. Ahora, lo que hacemos y vivimos, es parte de la misión de vida que se origina en Cristo y que integra toda nuestra existencia.

» Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido:
–«Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí. » Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó.
Dijo a su criado Guejazi:
–«¿Qué podríamos hacer por ella?» Guejazi comentó:
–«Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.»
Eliseo dijo:
–«Llámala.»
La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo:
–«El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos:
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incor­porados a su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también vivi­remos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
–«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

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