Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Una voz grita en el desierto"
07-12-2018
"Una voz grita en el desierto"

En adviento recordamos y queremos vivir de modo especial que nuestra fe nos conduce, nos arrastra casi hacia un mundo y una realidad nuevos y mejores. El Señor, que vino en nuestra carne (la meta de nuestra celebración en estos días), vendrá otra vez para cumplir todas sus promesas al final de los  tiempos (así como al final de cada una de nuestras vidas) y está viniendo cada día para estimularnos y alimentarnos con la Palabra y la Eucaristía a fin de que construyamos y sostengamos juntos ese mundo. Hoy esta palabra se centra en cómo comenzó este fin y cómo nos está afectando hoy todavía. En primer lugar, el Evangelio intenta fijar con la mayor precisión posible el momento cuando comenzó todo. Porque todo esto ha sucedido, es historia, es realidad porque se inició en esta misma realidad que estamos viviendo ahora y que se vio modificada, transformada por estos sucesos y esta palabra. La misma Palabra es ya un acontecimiento, y después de muchísimos años sin profetas, uno comenzó a hablar y a actuar y lo anunciado tantas veces (primera lectura) comenzó a realizarse.

La predicación de Juan el Bautista resume todo el contenido del Antiguo Testamento: convertíos, preparaos, que vuestra existencia dé frutos de salvación y de vida. Es decir que lo pretendía Juan es que los creyentes, los israelitas y ahora nosotros, mostremos que la propia existencia se afecta por estos acontecimientos; que creer es, en realidad, estar siempre preparados y abiertos a la conversión, a la irrupción de esta fuerza salvadora. Es el prólogo, el comienzo mismo de la salvación que todavía actúa en medio de nosotros. Juan no solo es quien anuncia el hecho clave y único de la venida en carne de Jesús, sino quien pone en marcha el proceso que permite acogerlo, entenderlo, hacernos sus discípulos y seguidores porque todo comenzó a cambiar desde entonces y así sigue, cambiando, si nosotros perseveramos en creer y por tanto ver lo que ya está sucediendo. Esta Palabra, convertida ya en Evangelio aunque sea su prólogo y necesaria introducción, señala la capacidad y la efectividad de la intervención divina en nuestra vida e historia. Sigamos, pues, despiertos, vigilantes, atentos cada día a descubrir estos signos vivos en la realidad, sí, pero también en la celebración, en la oración, en el compartir unos con otros lo que la Palabra obra en nuestras vidas.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Baruc 5, 1-9
Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción
y viste las galas perpetuas de la gloria que Dios te da;
envuélvete en el manto de la justicia de Dios
y ponte a la cabeza la diadema de la gloria perpetua,
porque Dios mostrará tu esplendor
a cuantos viven bajo el cielo.
Dios te dará un nombre para siempre:
«Paz en la justicia, Gloria en la piedad».
Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura,
mira hacia oriente y contempla a tus hijos,
reunidos de oriente a occidente, a la voz del Espíritu,
gozosos, porque Dios se acuerda de ti.
A pie se marcharon, conducidos por el enemigo,
pero Dios te los traerá con gloria,
como llevados en carroza real.
Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados,
a todas las colinas encumbradas,
ha mandado que se llenen los barrancos
hasta allanar el suelo,
para que Israel camine con seguridad,
guiado por la gloria de Dios;
ha mandado al bosque y a los árboles fragantes
hacer sombra a Israel.
Porque Dios guiará a Israel entre fiestas,
a la luz de su gloria,
con su justicia y su misericordia.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 1, 4-6. 8- 11
Hermanos:
Siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría.
Porque habéis sido colaboradores míos en la obra del evangelio, desde el primer día hasta hoy.
Esta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús.
Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os quiero, en Cristo Jesús.
Y ésta es mi oración: que vuestra comunidad de amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.
Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 1-6
En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías:
«Una voz grita en el desierto:
preparad el camino del Señor, allanad sus senderos;
elévense los valles, desciendan los montes y colinas;
que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.
Y todos verán la salvación de Dios.»

LECTURAS DEL DOMINGO

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12-01-2018
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