Noticias

NOTICIAS

24-12-2017
Paz y Alegría

   Queridos hermanos y hermanas de la Provincia Ibérica de Santa Teresa y del Carmelo:

   En la víspera del día Santo de la Navidad, a unas horas de la Nochebuena, con el ánimo sobrecogido y el espíritu queriendo ser silencio con María y José, en adoración expectante ante lo que está para nacer y que supera todas nuestras previsiones y sueños más optimistas, acojo la vida de cada uno de vosotros mis hermanos y hermanas, y, vestido con el traje que reclamé el día de mi profesión en el Carmelo, la misericordia de Dios, la pobreza de la Orden y vuestra compañía, me acerco descalzo al misterio de Belén desnudo de mi ofrenda perfecta, obsequiándole a Jesucristo la verdad y la entrega sin demora y sin lamentos.

   Renuevo con todos vosotros, ante el Belén, ante el misterio del Amor más grande, el SÍ tembloroso y alegre que nace en la entraña del barro que somos, en esta carne y sangre de la que Dios se ha querido engendrar para amar en nosotros lo más hondo de  nuestra verdad.

   Sí, esta noche, con mucha alegría renovaré ante María y José, junto al recién nacido, con todos vosotros y por todos vosotros, un GRACIAS muy sincero, sin muchas palabras, dejando silencio e inclinando la vida en adoración por tanto como se nos ha regalado y por lo afortunados que somos.

   Nuestro portal no tiene las mejores condiciones, seguramente no le ha dado tiempo a San José a dejar todo como le hubiera gustado; todo es improvisado, y seguramente habrá telarañas; no se les ocurre que haya que sacar fuera del establo a los animales que ahí moran, el burrito, o la mula, o el buey, o cualquier otro inquilino que se haya refugiado allí a última hora, como ellos. No hay en este lugar un orden perfecto, ni está tan limpio, no es la casa que María habría soñado para recibir al hijo de sus entrañas, no representa lo que José hubiera podido hacer si le hubieran dado tiempo.

   En la inquietud e incertidumbre del momento inminente, los corazones sí están totalmente disponibles para acoger con amor indecible y humilde, al Amor más grande y más necesitado de amor.

   Nuestra comunidad, nuestro portal no es perfecto, afortunadamente no estamos suficientemente preparados, ni seguros, ni nos ha quedado el Adviento tan a nuestro gusto, pero ahora recibimos, con los pastores, la invitación improvisada, ya no hay tiempo para el yo, que viene llorando y riendo el Tú que trae desnudo, en su debilidad, nuestros mejores sueños y proyectos, el mejor programa de futuro, para este año y para todos los días de nuestra vida, en el corazón de nuestra miseria, nuestras grietas, heridas, pobrezas, malestares, noches, depresiones y sinsabores. Hoy Dios mismo, haciéndose herida, en silencio de amor, se abraza con nosotros en un sí para siempre, y nos pide permiso para amarnos y para dejarnos amar, nos regala sin condiciones la única medicina de todos nuestros males.

   A principios del siglo pasado, Severi, tía abuela Patricia (carmelita de Hondarribia), moría en medio de dolores horribles, de septicemia. Toda la familia recordará muchos años después y hasta hoy, que antes de morir, se le iluminó la cara y repetía en eusquera: ¡Zein Ederra, zein ederra, zein ederra! ¡Qué hermosura, qué hermosura, qué hermosura! Por algo que ya veía. A veces nuestro mundo parece todo él aquejado de una septicemia incurable y universal, y, sin embargo, ¡Cuánta hermosura, cuanto Dios naciendo y queriendo nacer en sus entrañas!

   Un recuerdo especial para los que vivirán esta Navidad mucho más cerca del misterio de Belén en el cielo, tan cerca también de todos nosotros, les recordamos y brindamos con ellos, para que nos sigan enseñando a caminar y a vivir:

   Hermano Rafael (Oviedo); Mons. Amancio Escapa (Santo Domingo); P. Antonio G. Catena (Madrid); P. Enrique Llamas (Madrid); P. Domiciano Sáez (Gijón); P. Felipe Sainz de Baranda (Burgos); P. Ildefonso Peñas (Talavera de la Reina); P. Jacinto María Vallejo (Madrid); P. Marciano García (Cuba); P. Ramón Terrones (Burgos); P. Santiago Guerra (Salamanca); P. Segundo Fernández (Ávila).

   También un recuerdo especial para todas las carmelitas, nuestras hermanas que han partido, no tengo aquí todos sus nombres, pero sí están vivas en nuestra oración y agradecimiento. Y a todos los carmelitas seglares fallecidos.

   Esta noche, con todos vosotros, haré silencio, adoraré y le tomaré en brazos al hijo de María y de José, dando gracias por tanto don y tanta hermosura.

   Gracias mis hermanos y hermanas, por dejaros nacer, gracias, Niño Dios, nuestro Rey y Señor, por el don de tu amor sin límites a cada uno de mis hermanos y hermanas. ¡Cuídalos, cuídanos hoy y todo este Nuevo Año 2018!

   ¡FELIZ NAVIDAD!

 

   fr. Miguel Márquez
   provincial

VER TODAS