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03-11-2018
Boda en la casa de Alba
Presencia de santa Teresa de Jesús

Un grandioso retrato de ”Santa Teresa de Jesús” representada con el hábito carmelita, obra del artista barroco Juan Carreño de Miranda (Avilés, 1614) y perteneciente a la colección de arte de la Fundación Casa de Alba dominaba el altar mayor de la boda entre Fernando Fitz-James, duque de Huéscar, y la consultora de Around Art, Sofía Palazuelo.

A la hora de montar este retablo vegetal con las obras de la familia Alba no se ha dejado nada al azar. De alguna manera, este ara espiritual, ubicado en el jardín del Palacio de Liria que ha sido obra y producción de Aflore Mío y diseñado por la paisajista Teresa Vicente-Franquiera,  simboliza a la perfección las vidas de los jóvenes contrayentes. "Queríamos unir gustos y maneras de pensar de dos familias distintas", explica la paisajista. Por un lado, la vida dedicada al mundo del arte y el coleccionismo de Palazuelo; y por el otro, el gran papel que los Alba han tenido a lo largo de la historia en el mecenazgo de artistas y literatos, así como la íntima relación del gran duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo y su mujer, María Enríquez, con la abulense de la Orden de las Carmelitas Descalzas.

Santa Teresa de Ávila, aquí retratada escribiendo –como buena patrona de los escritores–, acompañada de una paloma que representa al Espíritu Santo y una calavera como símbolo de la muerte –un elemento propio de la época barroca–, gozó de una estrecha amistad con esta poderosa y rica dinastía, a pesar de la gran austeridad y sencillez que siempre caracterizaron a la religiosa.

El cariño entre Santa Teresa y los miembros de la Casa de Alba comenzó a fraguarse gracias a su hermana Juana y su cuñado Juan de Ovalle –contable del duque– en la localidad de Alba de Tormes (Salamanca), una villa que en el S. XVI se convierte en una segunda Corte española –al más puro estilo de los poderosos Medici en Florencia– por la que trasiegan multitud de personajes de la política, el arte y la literatura gracias al poder de convocatoria y la filantropía de los antepasados del recién casado duque de Huéscar.

De hecho, el apego a la santa era tal que yendo de camino de Valladolid a Ávila fue reclamada por la familia nobiliaria para acompañar en el parto a la esposa de Fadrique Álvarez de Toledo, duque de Alba, un niño que moriría 15 días más tarde. Finalmente, sería en esta “ribera verde y deleitosa” de Alba de Tormes, como dicen los versos de Garcilaso de la Vega, donde Santa Teresa fundaría con la ayuda de San Juan de la Cruz en 1571 el convento de la Anunciación, una construcción cercana al palacio donde residían la saga Alba. Un lugar donde fallece y donde yacen sus restos mortales por empeño expreso de la Casa de Alba, custodiados por nueve llaves, tres de ellas en posesión de tan ilustre apellido.

En definitiva, la presencia de la santa es un claro homenaje a los antepasados de una de las familias que más ha contribuido a la creación y conservación del patrimonio artístico de nuestro país. Un mandato que en un futuro recaerá sobre los hombros nobles de Fernando Fitz-James, el futuro duque de Alba.

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