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03-03-2019
La huella ucraniana de Santa Teresa de Jesús
La ciudad de Lviv

Por allá por donde Santa Teresa pisaba, su huella se hacía imborrable. Así lo plasmó en la fundación de 17 conventos de la Orden de los Carmelitas Descalzos, nueve de ellos en Castilla y León. Pero el arraigo de su reforma llegó mucho más allá, a lugares que quizás ella nunca conoció, pero donde su obra fue seguida por los católicos, como es el caso del Este de Europa, donde se conservan tesoros culturales que recuerdan continuamente a la monja abulense.

En el Libro de las Fundaciones, ella misma admite que durante una oración escuchó: «Espera un poco hija, y verás grandes cosas». Poco después le llegaron instrucciones y autorización para fundar más conventos. El propio Papa Francisco, en una carta sobre los valores de la reformadora del Carmelo y sus andanzas no sólo en Ávila, recuerda los «otros lugares que conservan su memoria», algunos por los que pasó con sus «sandalias desgastadas». En otros no fue necesario para que fuera recordada.

Entre esas grandes «cosas», sin ella saberlo, estaba la amplitud de la pisada de esa huella, que con los años, gracias a su personalidad, ha resonado en 87 países, entre ellos la Mancomunidad de Polonia-Lituania, conocida en su época como la República de las Dos Naciones, donde se asentaba la actual ciudad de Lviv, que hoy se enmarca en el oeste de Ucrania, y que ha sido moneda de cambio histórica de diferentes imperios.

'La pequeña París del Este', como es conocida esta moderna, europea y cosmopolita urbe, tiene muy presente, mediante frescos, la figura de la monja andariega en la iglesia de San Miguel, antiguo convento masculino de la Orden de los Carmelitos Descalzos y un «monumento excepcional» de la Ucrania actual, una «huella genuinamente ucraniana que merece estar incluida en la ruta de las Huellas de Santa Teresa», tal y como solicita el director de los Estudios Ibéricos de la Universidad Católica de Lviv, Bohdan Chuma, quien coordinó un libro sobre la santa, fruto de una jornada celebrada en 2015 en Kiev, en colaboración con la Embajada de España.

Chuma asegura que aunque la actividad principal de Santa Teresa se limitaba a la Península Ibérica, la crisis religiosa de los siglos XVI y XVII empujaron sus propuestas. De ahí, que la práctica militante de la monja andariega fue continuada por centenares de adeptos en todo el mundo, entre ellos la comunidad católica de Lviv.

Aceptación de la doctrina teresiana

Sin embargo, este experto admite un «problema» de aceptación y adaptación de la doctrina teresiana fuera del ambiente católico, en particular entre los feligreses de las iglesias del Este. También lo achaca a la «personalidad misma» de Santa Teresa, «poco conocida entre las personas que se dedican a las humanidades en Ucrania». Una afirmación que defiende en declaraciones a Ical la estudiante e intérprete Iryna Sliusar, quien hace de guía por la propia Iglesia de San Miguel de Lviv. También lo relaciona con la diversidad de religiones e iglesias en este país: católicas romanas, griegas, ortodoxas rusas y ucranianas.

Fernando Martín-Loeches, lector de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), en la Universidad Nacional Ivan Francov de Lviv, explica también a Ical que durante «buena parte de la Historia, el oeste de Ucrania ha formado parte de Polonia y muchas órdenes católicas crearon sus conventos allí». Desde Bernardinos a Jesuitas. «No es tan extraño si tenemos en cuenta que perteneció a Polonia y después al Imperio Austro-Húngaro. Es normal esta presencia de la práctica de Santa Teresa, aunque nos resulte curioso, porque son grecocatólicos u ortodoxos», sentenció.

La importante escuela boloñesa

Martín-Loeches conoce perfectamente la iconografía sobre Santa Teresa en esta ciudad. Después de cuatro años de residencia, asegura que la espontaneidad, frescura, personalidad y experiencia humana y sobrenatural de Santa Teresa de Jesús quedó plasmada en ese territorio de confluencias.

Primero, la estatua de 'El éxtasis de Santa Teresa de Jesús', en la fachada de la cercana iglesia de la Presentación de Lviv, antigua iglesia del convento femenino de las carmelitas descalzas de la ciudad, ubicada junto a San Miguel en un lugar privilegiado de la ciudad, que contempla desde lo alto el casco viejo. La historia se ha llevado por delante casi todas las referencias a la Orden. Tan solo se observan en la fachada dos esculturas realizadas por Andreas Schwaner con motivos carmelitanos: la de la izquierda representa a San José, protector de la Orden, y a la derecha, 'La Transverberación de Santa Teresa'.

Pero sobre todo destaca la variedad de frescos en San Miguel, que se conservan, por lo general, en «gran estado», según Martín-Loeches. Hasta 2017 existía «poca documentación» sobre esta iglesia, sólo un par de referencias que «se basan en inscripciones de principios del S.XX». El lector recuerda que este monasterio fue levantado en la primera mitad del siglo XVII por el arquitecto Jan Pokorowicz, fallecido en 1645. A pesar de que los miembros de la orden abandonaron el convento hace más de dos siglos, hoy en día permanece intacta la iconografía carmelitana de los frescos del Barroco Tardío, pintados por el italiano Giuseppe Pedretti (1697-1778), que «viajó por un encargo», y su vecino Benedykt Mazurkewicz, un pintor local, durante los años 1731 y 1732, tal y como afirma Martín-Loeches.

Pedretti fue alumno de los maestros transalpinos Marcantonio Franceschini y su hijo Giacomo, con los que aprendió en su estudio hasta 1729. Poco después viajó a la República Polaco-Lituana donde pintó los frescos de Lviv, una de las pocas representaciones de la Escuela de Bolonia en este territorio, algo que se aprecia, según Martín-Loeches, en detalles como la creación de marcos en el que se encuadran las escenas religiosas y la ornamentación compuesta por macetas, flores y conchas.

En la nave central de San Miguel se puede contemplar el fresco principal de la iglesia, 'Apoteosis de Santa Teresa y San Juan de la Cruz', una exaltación de la Orden del Carmelo en donde aparecen sus santos más destacados, entre ellos los dos españoles.

En la nave lateral izquierda hay otros dos de la santa: 'La imposición del collar y el manto por la Virgen y San José', visión que se considera el inicio de la reforma de la Orden; y 'La Transverberación de Santa Teresa', una experiencia que fue descrita en su 'Libro de la Vida', en el que relata una visión que tuvo en 1562, donde se le apareció un ángel que le clavó una flecha en el corazón, y que se traduce en una de sus iconografías más representativas.

En la derecha, dos frescos de San Juan de la Cruz, quien inició la reforma de la rama masculina de la Orden junto a Santa Teresa. Es probable que allí hubiera existido una capilla dedicada a este santo, cuya obra literaria se considera como la cumbre de la poesía mística española.

Otro de los frescos cuenta con un retrato de la reformadora, con una cruz en la mano izquierda, así como un libro junto a ella, que haría referencia a su labor de escritora, y una calavera, que «simboliza la santidad, trascendencia y fugacidad de la vida», recuerda Martín-Loeches, quien cita también las 'Mortificaciones', con la Santa golpeándose la espalda violentamente con unas llaves mientras un demonio huye por la ventana.

Resalta igualmente la calidad «excepcional» de los frescos de la bóveda, de Pedretti, y matiza que los pintados sobre las paredes «son muy posteriores porque la calidad es inferior, muy dispar». Probablemente de finales del XIX o principios del XX, «y sin autor conocido». En ese momento, el convento ya pertenecía a los Carmelitas Calzados.

A su juicio, los frescos con más calidad son los de 'La transverberación' y los que se encuentran en la bóveda principal, con los santos de la orden, «que son los que más llaman la atención». También, 'La imposición del collar y el manto', a pesar de encontrarse en la pared y de ser de la última etapa. «La calidad se debe a la pericia del pintor. A Pedretti, sólo por el hecho de ser de la Escuela de Bolonia, se le presupone esa calidad», subraya el experto, quien ensalza que en 'Las mortificaciones' «pinta hasta elementos de la habitación».

Después de cuatro años en Lviv y en la línea de Chuma, Martín-Loeches admite que el ciudadano de a pie tiene «bastante desconocimiento sobre Santa Teresa y los carmelitas». «Básicamente es porque el ucraniano no valora muy bien el patrimonio de pasado polaco y austrohúngaro», argumenta.

Una afirmación que aclara Philippe Sands en su libro 'Calle Este-Oeste', en el que este abogado británico busca sus raíces «en esta zona» y relata la vida del jurista judío Hans Lauterpacht, que acuñó el término legal de 'crímenes contra la Humanidad' en 1945, en los juicios de Núremberg; y de su colega, también judío, Rafael Lemkin, que hizo lo propio con el término 'genocidio'. «Sands se sorprendía de que estos dos personajes fueran tan importantes y sus conciudadanos les desconocían. Lo mismo pasa con este arte de Pedretti sobre Santa Teresa», argumenta Martín-Loeches. Ambos abogados estudiaron en la Universidad de Lviv, que fue una de las ciudades más pobladas del Imperio Austro-Húngaro y, más tarde, la segunda más importante de Polonia cuando formaba parte de este país tras la II Guerra Mundial.

 

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