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15-04-2019
Marcelo Van
Un entusiasta de santa Teresita del Niño Jesús

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo entrevista al sacerdote Álvaro Cárdenas, párroco de Colmenar del Arroyo (Madrid), artífice de las vigilias Asalto al Cielo y un difusor de la figura de Marcelo Van, un joven seminarista vietnamita en proceso de beatificación. Era un entusiasta del "caminito" de pequeñez y sencillez que proponía la joven santa carmelita Teresa de Lisieux (Santa Teresita del Niño Jesús). Marcelo fue condenado en 1955 a 15 años de trabajos forzados en un campo de Vietnam del Norte, pero murió exhausto y enfermo a los 4 años, en 1959. El padre Cárdenas es uno de los traductores al español de la Autobiografía de este joven. 

- ¿Quién es Marcelo Van?

- Marcelo Van es un joven que vivió en la primera mitad del siglo XX en Vietnam, muriendo en 1959, a los 31 años de edad, en uno de los campos de reeducación comunistas de Vietnam. Su corta existencia, pero asombrosamente intensa y fecunda, estuvo marcada por las rupturas, separaciones, pérdidas y sufrimientos de su generación y de su tiempo. Dotado de una sensibilidad espiritual fuera de lo común, encontró en santa Teresita del Niño Jesús su alma gemela, y en su pequeño camino de infancia espiritual su camino hacia la plenitud, hacia una felicidad insospechada, hacia la santidad.

- ¿Cómo es esta relación tan especial con santa Teresita?

- Desde muy joven Van anhela encontrar un santo cuyo camino él pueda recorrer, pero no lo encuentra. Es consciente de que los santos del pasado hacían mucha penitencia y sacrificios heroicos, que él, en su debilidad, no tiene la fuerza de imitar. Querría probarle a Jesús su amor, pero tiene miedo a la penitencia. Tiene 12 años, está desalentado y experimenta la tentación de renunciar a la santidad. Intenta rechazar ese pensamiento de la santidad, pero éste se le impone.

» Entonces, se confía a la Virgen y le pide que le de un santo que le muestre el camino que él pueda recorrer. Con los ojos cerrados toma la biografía de un santo al azar: es la Historia de un alma. Su profunda decepción inicial se convierte, al comenzar a leerla, en una alegría desbordante que le hace llorar de alegría. Ha encontrado a su alma gemela. Al poco tiempo ella le hablará. A partir de ese momento Teresita se convertirá en su hermana mayor y en su maestra espiritual. Por medio de sus diálogos con él lo guiará por el camino del amor a través del pequeño camino de la infancia espiritual.

» Además, de parte de Jesús, le comunicará que no será sacerdote. Su misión será prolongar y completar la misión de Teresita, siendo como ella apóstol escondido del amor misericordioso, a través del apostolado de la oración y del sacrificio, siendo así la fuerza vital de los apóstoles misioneros de Jesús.

- ¿Qué tiene su existencia de atractiva y de especial?

- Marcelo Van es un joven que deja asombrado a todo el que lo conoce por su profunda vida interior desde los 3 años y al mismo tiempo que por su asombrosa sencillez, por las duras pruebas y sufrimientos que jalonaron su existencia y por el deseo ardiente que desde los 7 años tuvo de ser sacerdote, por las terribles humillaciones y maltratos que desgraciadamente sufrió durante cinco años en la institución parroquial que debió velar por su formación humana, intelectual y espiritual para prepararlo al sacerdocio, y por la fortaleza y la fidelidad a Dios con que vivió esos dolorosos años, por la relación viva e intima que tuvo con Jesús y la Virgen, y desde los 12 años también con santa Teresita, por los asombrosos coloquios de amor que tuvo con ellos y por la trascendental misión que el cielo le confió, por su alma sacerdotal, sin llegar a ser sacerdote, y por la ofrenda que hizo de su vida, que consumó con su muerte martirial a consecuencia de los sufrimientos que padeció en uno de los campos de internamiento, reeducación y trabajos forzados comunista.

- ¿Cómo ha sobrevivido su historia hasta nosotros?

- Esto lo más asombroso, porque el hecho de que su historia no haya desaparecido es simplemente algo humanamente inexplicable. ¿Por qué de los casi cuatro millones de muertos que provocó el comunismo en Vietnam, sin contar desplazados y desaparecidos, nos ha llegado su historia, la de un joven religioso que vivió una vida completamente oculta y cuyo secreto estuvo escondido hasta después de su muerte, incluso para sus propios hermanos redentoristas que convivieron con él?

» ¿Por qué el cielo lo ha querido sacar del absoluto anonimato y ha querido dárnoslo a conocer precisamente en este tiempo, heredero, como dice el Papa Francisco, de los conflictos y las heridas de los que nos precedieron, al mismo tiempo que portador de las de nuestro tiempo y de nuestra propia historia personal, cautivo de nuestras  contradicciones, divisiones y rupturas internas, de la  incertidumbre y de la confusión, de las profundas tensiones y divisiones sociales, de las luchas y conflictos inacabables de nuestro tiempo, de los profundos desajustes, tensiones y problemas a nivel nacional e internacional, que todo esto está provocando y del temor a un futuro cada vez más incierto?

» Cuando conocemos a Marcelo Van, descubrimos que su vida y su misión es un don que el cielo nos ha regalado, como guía experimentado en los caminos de la vida, alguien que nos ha sido enviado por delante de nosotros para abrirnos el camino en estos tiempos de incertidumbre, de confusión, de miedo y de dolor, para que también nosotros podamos vivir una vida plena, gozosa, feliz, llena de sentido y fecunda, como la vivió él.

- ¿En qué nos puede servir de modelo a los cristianos españoles de hoy en día?

- La vida y la misión de Marcelo Van no es solo para nosotros un admirable  ejemplo de una fe asombrosa, de una esperanza que ha sido más fuerte que el mal y de un amor que ningún sufrimiento ha podido destruir. Van es un don del cielo para nosotros. En él se nos ha ofrecido la respuesta al mal de nuestro tiempo y un camino concreto y valido para todos hacia su superación en el amor, hacia la paz que necesitamos y hacia una existencia feliz y fecunda en medio del sufrimiento y de las heridas que llevamos y del mal que hasta el último momento de nuestra vida nos pueda golpear.

 

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