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17-05-2019
P. Antonio Jiménez, grande y siencioso.
In memoriam.

En 75 largos años se encierra la vida del Padre Antonio. Con pocas palabras, un hermano grande y silencioso. La grandiosidad, me parece, que le viene por estar siempre trabajando con las plantas sean macetas y jardines como con la madre naturaleza que Dios hace estallar en los rincones de la tierra, y el  jardinero del carmelo procuraba guiar su belleza. Su celo pastoral le daban talla en la atención a los enfermos, los catequistas, el confesionario, la dirección espiritual como la animación grupal. Su dedicación a NN. MM. Carmelitas se constataba en los detalles a la comunidad y a la religiosa en el momento oportuno, y cuánto saben de ello las que le han tenido en la ciudad conviviendo, de modo especial. Muy hermano de sus frailes sabiendo trabajar y callar, sin dejar la oración ni las obligaciones de la comunidad y motivando la vida comunitaria con su propio estilo, sin consentir que nadie hablase de nadie. Cursos, cursillos, presentaciones, conferencias, pregones…poco. Su aire era otro.

Casi siempre se le ha visto sentado en la mesa traviesa, a la usanza antigua, aunque ya no exista este tipo de colocación del mobiliario en el refectorio. Sea por ser Superior, párroco o formador, oficios que casi requerían ser uno de los dos primeros puestos de la Comunidad.

Así lo vemos de Prior o Superior:

San Fernando: Vicario parroquial o Párroco en 1970, 1972, 1975

Cádiz: Prior en 1978

Málaga: Prior y párroco en 1981, 1984, 1987 (solo párroco en este trienio) y 1990.

La Plata: Superior y formador en 1993

Rosario: Superior y párroco en 1996

Córdoba RA: Superior y párroco en 1999-2005

Málaga, Las Ermitas, Badajoz y Sevilla le han acogido en sus catorce últimos años regentando la comunidad de Las Ermitas como Superior, un período de tiempo.

La muerte le dio la cara y no tuvo compasión de él, y en una veintena de jornadas se lo llevó. Había superado un cáncer con sus secuelas que sabía sobrellevar con su cabeza inclinada y sin quejarse; el trombo de la pierna de última hora le fue complicando los intestinos, los riñones, la vejiga, el hígado, los pulmones…y la Madre del Carmelo se lo llevó promediado el mes dedicado a Ella en todo el mundo: el mes de María.

No sabemos si se habrá presentado en el cielo con el hábito y el rosario porque había hecho muchos en los tiempos libres; quizás, con la ropa de trabajo: de jardinero, pintor (sirviéndose de una escalera larga él solo blanqueó la fachada gaditana de Bendición de Dios), restaurador o labores domésticas. Lo que sí es seguro que allí arriba lo habrán reconocido al ver su rostro que apareció en tantas fotografías y videos, y no tanto por su presencia, sino por las muchas personas a las que les mostró lo que él veía, recogía, gravaba y mostraba; y se fijarían en su cara alegre al manifestar lo que enseñaba. Seguro que no dudarán: ¡éste es!

Además, a pesar de ser calladito, tenía muchos y fieles amigos. Amigos muy cercanos, casi diríamos: íntimos, con los que compartía de todo, y de su pueblo y familia, que precisamente eran conocidos por este camino. Sin quererlo, era un embajador familiar. Repartía el Calendario del Carmen con la misma facilidad que otras cosas agradables y piadosas.

En su porte austero, recto, delicado con todos y más con los mayores, no le faltaba nunca la acogida y la generosidad tanto material como espiritual; tampoco la serenidad ni la sonrisa humilde.

Y sufría silenciosamente por algo que casi ni se percibía: se enteraba con facilidad de cosas que ni pretendía, y le dañaban por no ser como debían ser. Y cuando las decía o denunciaba, no gustaban. A seguir padeciendo. En fin, limpio parece que ha dejado esta tierra; Dios así lo habrá querido.

Francisco Víctor López Fernández, OCD

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