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22-05-2020
Las Carmelitas Descalzas se marchan de San Sebastián
Despedida dolorosa

Con suma tristeza, las Carmelitas Descalzas hacían ayer sus maletas y se despedían por la tarde del que ha sido su hogar durante décadas. El convento de santa Teresa, situado a las faldas de Urgull cierra tras casi cuatro siglos de historia en la Parte Vieja. «Los años pasan para todas, hemos tenido algunos problemas de salud y no hay nuevas vocaciones religiosas», dice la que hasta ayer era la madre superiora Julia para explicar los motivos por los que se ven obligadas a dejar atrás este lugar.

El alcalde, Eneko Goia, y el concejal de Cultura, Jon Insausti, visitaron ayer el convento y a las hermanas para despedirse de ellas y compartir un rato de conversación en el que las religiosas les indicaron que no hay lugar para la continuidad de esta comunidad. «La opción más realista, con todo el dolor de nuestro corazón, es marcharnos y unirnos a otras hermanas».

En la actualidad solo residían en el convento diez religiosas, cuyas edades están comprendidas entre los 68 años de la más joven hasta las que superan los 90. Además, desde 1987 no ha habido nuevas incorporaciones a la comunidad. «Veíamos que el convento no tenía futuro y se nos quedaba muy grande este espacio», apunta la priora.

Algunas pasarán a formar parte de la familia de religiosas del convento de Zaldibar, adaptado para personas mayores mientras que otras irán al de Donamaría, en Santesteban, Navarra. Un cambio de vida que no es fácil. «Estamos muy afectadas, nos cuesta mucho dar este paso. Además, recoger un convento es un desgarro moral y físico». No en vano, en tantos años de historia se acumulan muchos recuerdos y anécdotas.

El de Santa Teresa es el décimo convento de Carmelitas que cierra en el Norte de España. En San Sebastián también se han ido las Salesas, la Compañía de María y las Siervas de María.

Para atender sus cuidados

En 1988, la congregación cedió parte del edificio a la Diputación, ya que para las hermanas que quedaban era «un espacio muy grande». Desde el año pasado, el inmueble ha pasado a convertirse en la sede del Instituto de Arquitectura Contemporánea de Euskadi (IACE).

La residencia y la iglesia del convento, las partes que habían resistido hasta ahora, se pondrán a la venta. «Era un camino que emprendimos hace un año y que es necesario», apunta la madre superiora Julia. «Tenemos una serie de gastos que atender, porque donde vamos hay personal contratado para cuidarnos y hay un desembolso muy fuerte cada mes».

Sin duda echarán de menos el que también ha sido su barrio, la Parte Vieja, donde a pesar de su clausura, han sacado tiempo para relacionarse con sus gentes «y sentirnos muy queridas en la ciudad».

 

 

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