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01-09-2020
Carta de Monseñor Tito Solari, Cochabamba.
Sobre el P. Linton Guzmán

            Reverendísimo P. Provincial:

            Con un profundo dolor en el alma escribo estas líneas para testimoniar – en cuanto soy capaz – el precioso servicio que el querido P. Línton Guzmán ha brindado a la Iglesia de Cochabamba durante muchos años.

 Trabajaba en la Cancha, con amor y humildad, pero un día aceptó con mucha disponibilidad asumir en el Arzobispado primero la responsabilidad de la Comisión de Arte Sacro y luego, dentro ese servicio, se dedicó alma y cuerpo a la restauración del Convento de Santa Teresa. Y con paciencia, sacrificio y competencia, por una anterior misión cumplida en el Convento de la Carmelitas de Sucre, en el lapso de unos cinco años, logró el objetivo de ver esta magnífica obra de arte y de fe totalmente restaurada, para el bien de la Orden, de la Iglesia, de toda Cochabamba y de Bolivia.

            Impresionaba su seriedad y responsabilidad en las tareas. Era exigente con los demás, es decir con los que dependían de él, y consigo mismo, en el sentido que daba cuenta fielmente de todo el dinero que manejaba para la restauración del Convento-Museo.

Se ganó así la confianza de la Embajada de los Estados Unidos, que continuó a proporcionarle los medios hasta completar la Obra. Su nombre y el de la Orden quedarán en la historia, junto con los de sus estrechos colaboradores.

 Se ganó la confianza de los bienhechores, que se daban cuenta que él tomaba muy en serio sus aportaciones y las manejaba de la mejor manera. Ahí, en sus registros, están todos sus nombres y estarán también en el cielo.

Otro aspecto, aún más importante, que se admiraba en el P. Línton era su amor y pasión apostólica. Amaba el trabajo pastoral, amaba a sus fieles. Los conocía. Conocía la Cancha con sus dinámicas y sus problemas. Y no tuvo miedo de dar su vida, como un verdadero Pastor. Una entrega radical la suya.   ¡Un testimonio admirable!

Sus pobres, los pobres que él atendió con tanto amor, le habrán abierto con gozo las puertas del Paraíso. 

¡Gracias, querido P. Línton!

Quédate en nuestros corazones, para que sigamos tu ejemplo y bendícenos desde el cielo, para que un día podamos encontrarnos en la Casa del Padre.

Que el Señor bendiga también la Orden y le conceda santas vocaciones.

Fraternalmente.    

 Mons. Tito Solari

Bogotá, 22.08.2020

 

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