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14-12-2020
Feliz día de
San Juan de la Cruz

Un año más, en medio del Adviento y muy cerca del Domingo de ‘gaudete’, tenemos el gozo de celebrar a N. P. S. Juan de la Cruz, testigo privilegiado, desde sus primeros versos, de “que Dios sería hombre / y que el hombre Dios sería”, a causa —ni más ni menos— de la ley de los amores perfectos (‘Romance’, vv. 139-140 y 235). Un año más nos congratulamos de tener que ver con un hombre tan lleno de Dios; tan capaz de compartir su experiencia con uno de los lenguajes más bellos y afectivos…

Y no solo un gran cantor de la plenitud, sino a la vez un maestro y compañero de camino, de una agudeza y originalidad prácticas, que bien le han valido el reconocimiento como doctor de la Iglesia. Un asceta que nos llama sin ambages a darnos del todo al todo. Pero mucho más, un fino mistagogo, que nos recuerda que el peligro en este camino no es tanto el apego a lo material, como la tendencia a apropiarnos los progresos y las gracias espirituales. Por ello —se atreverá a escribir— el Señor tiene que regalarnos la sequedad, las dudas… y, a algunos, hasta movimientos de lujuria o blasfemia, que dejan de ser culpas, para convertirse en gracia purgativa (1N 14,1-2).

¡Habría tanto que releer para celebrar de verdad y felizmente este día! Ya en línea de plenitud, ya en línea de purificaciones; a criterio de cada cual queda. Por mi parte, ahora me limito a invitar a volver a una página del santo tan breve como bella y densa: su carta a Juana de Pedraza (12/10/1589).

Además y aunque parezca despistarnos mucho, os animo encarecidamente a leer la reciente carta del Papa sobre san José, con ‘sensibilidad sanjuanista’: “Muchas veces pensamos que Dios se basa sólo en la parte buena y vencedora de nosotros, cuando en realidad la mayoría de sus designios se realizan a través y a pesar de nuestra debilidad. (…) Así, José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades. (…) Nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia” (Patris corde, 2).

Seguro que, a estos dos santos tan queridos para nosotros, les encantará este homenaje conjunto. Y segurísimo, que sus enseñanzas nos serán muy provechosas.

¡Que ellos nos ayuden a ser fieles y felices!
Antonio Ángel, Provincial
 

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