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07-11-2017
Nueva Imagen de Santa Teresa
En Alba de Tormes

Más de un albense y también muchos turistas se han sentido impresionados gratamente por la presencia de una nueva imagen teresiana en la villa ducal, concretamente en la iglesia de San Juan de la Cruz de los frailes Carmelitas Descalzos. Conviene que informemos de esta novedad, como también hagamos algo de historia de esta imagen que ahora, en el primer año Jubilar Teresiano se incorpora al patrimonio iconográfico teresiano de Alba de Tormes

Origen

Procede de la cercana villa medieval de Ledesma, donde se fundó un Carmelo en el 1876 con monjas de Alba de Tormes y de Salamanca, tres de cada convento. Y de ambos sitios fueron las prioras como para indicar que no se escatimasen esfuerzos en cuanto a personal. La priora de Alba, María Teresa de Jesús, era una persona muy conocida, amiga y confidente de san Enrique de Ossó, y fue luego la primera superiora de Ledesma.

La fundación se debe a los desvelos del obispo salmantino, Narciso Martínez Izquierdo (1830-1886), el “obispo de santa Teresa” le llamaban los contemporáneos, que no quiso desapareciese –por falta de personal- un antiguo monasterio de benedictinas situado fuera de la muralla de la villa, y lo hizo sustituyéndolas por las carmelitas descalzas.

Este obispo, además de ser el que preparó y animó el III centenario de la muerte de santa Teresa junto con San Enrique de Ossó (1882), es el que trajo a los frailes carmelitas a Alba (1877) después de la exclaustración y el que organizó todo lo relativo a Santa Teresa en el conjunto de iglesia y convento de las Madres de Alba en vistas al creciente turismo y a las peregrinaciones.

Por ejemplo, idea suya fue la de abrir en la iglesia la ventanilla para contemplar la celda de la muerte, y colocar la estatua yacente de la Santa (encargada por él a San Enrique de Ossó) para que su vista produjera un efecto emocionante a aquellos devotos y peregrinos (también a los albenses) que la contemplaran desde la iglesia del sepulcro (1882). Añadir que además Martínez Izquierdo fue el primer obispo de Madrid (1885-1886), y murió asesinado apenas un año después en la procesión del domingo de Ramos a la puerta de la catedral de san Isidro. Cuando dejó la diócesis de Salamanca para pasar a la nueva de Madrid, regaló a Santa Teresa en Alba su cruz pectoral y el anillo episcopal, ambas piezas que podemos todavía contemplar en la sala de orfebrería del CARMUS. Con lo dicho ya nos damos cuenta de la impronta teresiana que tendría siempre el Carmelo de Ledesma, y que le venía de la procedencia de las monjas, y del obispo fundador (nuestro padre fundador), como siempre se le ha llamado hasta nuestros días en el Carmelo de Ledesma.

Conviene añadir que en la fundación ledesmina, por encargo del obispo, tuvieron también mucha parte dos famosos canónigos salmantinos, el penitenciario y chantre Don Juan Antonio Vicente Bajo (1832-1903) y el magistral Enrique Almaraz (1847-1922) que años más tarde sería obispo de Palencia y cardenal arzobispo de Sevilla y de Toledo. Sobre todo el último, natural de La Vellés, fue muy teresiano y también muy ligado a Alba de Tormes.

El cierre del convento de Ledesma, una triste noticia

Este convento, después de más de un siglo de vida, se ha clausurado y las pocas monjas que quedaban se incorporaron ya al de Salamanca, de donde habían salido en el siglo XIX. Y esto ha ocurrido no sin pena y sin esfuerzos continuados por parte de las monjas, y hasta de la villa, que lo querían y sentían como cosa de familia. Ha sido para Ledesma un golpe duro el perder a sus Monjas, como así las llamaban y, de esta manera, tener que interrumpir una relación cordial y afectiva de más de un siglo. Lo han sentido de veras, pero ya no era posible continuar allí, fundamentalmente por la falta de vocaciones jóvenes desde hace años.

La imagen de Santa Teresa se traslada a Alba

¿Por qué las monjas supervivientes del Carmelo de Ledesma, quisieron que la imagen de santa Teresa viniera para Alba? Sencillamente por razones de peso y de afecto cordial hacia la villa ducal. No sabemos cuando llegó ni donde se hizo por encargo esta imagen teresiana de vestir, o de bastidor, claramente siguiendo los modelos procesionales de Alba y Salamanca. El influjo e imitación es evidente. Tendremos que seguir investigando sobre el tema, pues nos hemos comprometido a cumplir el encargo de organizar y catalogar el archivo conventual de dicho convento cerrado (depositado en Salamanca) para que no se extravíe la mucha documentación que ha generado.

No debió ser mucho tiempo más allá del 1876 cuando se consiguió, es decir, al mismo comienzo de la fundación ledesmina y, seguramente, la imagen se hizo por encargo del obispo fundador que se derrochaba en generosidad por sus monjas de Ledesma. Hasta puede ser que también se la encargara a San Enrique de Ossó en Barcelona (como en otros casos), muy habituado a estas tareas de esculturas teresianas para todas las iglesias (es sólo una hipótesis que trazamos). No es seguro, pero es claro que las monjas no podían estar durante mucho tiempo sin una imagen teresiana de su gusto y para satisfacer su devoción. Y es que extrañarían mucho las monjas fundadoras de Ledesma aquellas imágenes teresianas de vestir de sus respectivos conventos y, por eso, no pararon hasta que lo consiguieron.

Devoción teresiana en Ledesma

Y así fue, porque la presencia carmelita se notó de inmediato en Ledesma, y precisamente esto sobre todo, en cuanto a la devoción teresiana que se difunde y crece por toda la villa y comarca, y hasta se instituye enseguida en la parroquia la Archicofradía Teresiana entre las jóvenes ledesminas (8.12.1881), una asociación que fundó y promovió San Enrique de Ossó tiempo antes de fundar la Compañía de Santa Teresa. Hay crónicas de diversos actos teresianos en Ledesma tanto en la revista “Santa Teresa de Jesús” de Tortosa, como también en el Boletín diocesano de Salamanca. Y es por entonces cuando también consiguieron una imagen teresiana de vestir más modesta que la de las monjas y que aún se encuentra en la parroquia de Santa María.

Por ejemplo, hablando de las fiestas teresianas de 1882 dice una crónica: “La Santa está robando los corazones (de la manera que ella sabe), no sólo a los de esta población, sino también a los de toda esta comarca, especialmente desde hace cinco años, en que tuvo la dicha de ver fundarse un convento de sus esclarecidas hijas…” (Revista “Santa Teresa de Jesús” 10 [1881-1882] pp. 232-233). Y es así como se puso de moda hacer peregrinaciones al Carmelo de Ledesma desde los pueblos vecinos, convertido casi en un centro de peregrinación, siempre por razón de Santa Teresa. En otra crónica de 1884 se habla de la fiesta teresiana de octubre, que concluyó –dice- con una “procesión con la hermosa efigie de la Santa” (Boletín Obispado de Salamanca 31 [1884] p. 358). Este dato es muy importante; es la primera vez que se habla de la imagen teresiana que tenemos ahora en Alba. Y nos permite trazar otra hipótesis, y es la siguiente; la de que no mucho antes dicha efigie teresiana ya estaba en Ledesma, seguramente en vistas del famoso centenario teresiano de 1882.

Una imagen conventual

A esos datos históricos podemos añadir otros de tradición y de costumbre de la comunidad. Y es el que nunca recibió culto fuera, en la iglesia conventual, sino que tenía su altar dentro del convento, en la sala capitular del monasterio que se halla antes de coro bajo. Allí la hemos visto siempre y de allí la hemos embalado para trasladarla a la villa ducal. Solamente salía a la iglesia con motivo de la novena y fiesta teresiana de octubre, con la consiguiente procesión alrededor del convento, es decir, al más puro estilo albense que las monjas fundadoras conocían bien.

Pero con motivo de la novena anual de octubre la imagen salía de clausura y era llevada a la parroquia de santa María, dentro de la muralla; esto se hacía a hombros de los mozos quintos de cada año, los cuales se encargaban también de bajarla en la procesión del día 15 de octubre en sentido contrario, es decir, de la parroquia de nuevo al convento (un trayecto bien largo!). Pero esta antigua costumbre hace tiempo que se perdió. Y cuando se constituyó la nueva barriada de santa Teresa, la gente se encargaba de preparar a liturgia del día con las monjas, hacían la fiesta en la iglesia del convento, pagaban las flores de adorno y, cómo no, también hacían una gran verbena en la denominada Plaza de Santa Teresa con orquesta traída desde Salamanca, cosa que también hace menos años se fue perdiendo.  

Pero, entonces sí que es verdad que se la veneraba mucho en el pueblo de Ledesma desde el siglo XIX, aunque siempre dentro de este contexto anual de octubre, una vez al año.

Alba de Tormes y Ledesma, unidas por Teresa

Otro detalle literario que une a Alba y Ledesma en la devoción teresiana, es el de la actividad poética de un ilustre hijo de aquella villa, Cándido Rodríguez Pinilla (1856-1931), conocido vate salmantino, autor de varios libros poéticos, entre los cuales destacamos el llamado “Cancionero de Santa Teresa”, que se editó con prólogo del famoso rector salmantino Luís Maldonado y que tuvo dos ediciones sucesivas en el mismo año (Salamanca 1914). Pues bien, se le nota una profunda devoción teresiana, seguramente acrecentada por la presencia carmelitana en su villa natal y por las repetidas visitas a la villa de Alba. De hecho el es el autor del himno teresiano compuesto para la Asociación de jóvenes teresianas de Ledesma, con música del profesor Federico Verdi (no el italiano!) y que en su estribillo, después de 4 estrofas, decía así: 

“Doctora divina, / prodigio del cielo, / del fértil Carmelo / la más bella flor. /La fe que a tu imagen / altares levanta, /en tu obsequio canta / un himno de amor”.

Lo curioso es que entre otras poesías, muchas ellas compuestas antes o después de las peregrinaciones a Alba de Tormes, hay una titulada: “La divina aventurera. Su última jornada”, que expresamente habla de la Fuente de santa Teresa en sus dos estrofas finales:

El sol entre nubes de tintes bermejos,

Detrás de las sierras hundiéndose va,

Y como nimbadas por áureos reflejos,

Unas altas torres se ven a lo lejos:

La villa señera, allí está.

 

Sentándose al borde de la clara fuente

Cuyo bullir tiene ecos de oración,

Teresa su hora última presiente,

Y al cielo levanta la serena frente,

Que allí ve el alma su mansión.

 

Al punto se yergue, retorna al sendero,

Y hacia la cercana villa échase a andar;

¡Jesús mío! –exclama- morir pronto espero,

Y un poco de tierra pedir sólo quiero

En la que pueda descansar.

 

La Santa, en su último viaje no vino desde Salamanca, sino desde Burgos por Valladolid y Peñaranda; pero esta licencia histórica quiere llenar de evocación teresiana el viaje de los peregrinos hacia Alba pasando por la Fuente de Santa Teresa. Este cuadernillo poético dedicado a Santa Teresa refleja muy bien el ambiente ledesmino y salmantino, lleno de esa presencia de la Santa Andariega.     

Por eso, cuando ahora los frailes carmelitas de Alba manifestamos nuestro deseo de que viniera para nuestra iglesia, las monjas de Ledesma no se opusieron. Todo lo contrario. Sabían que aquí estaría muy bien, prestaría su servicio y que recibiría incluso más culto que en Ledesma, y no sólo por parte de los albenses, sino además por tanto peregrinos y visitantes de todo el mundo, como así lo hemos podido comprobar desde el cercano 11 de octubre 2017, que es exactamente la fecha cuando fue expuesta en nuestra iglesia de san Juan de la Cruz; antes había salido de Ledesma con dirección Alba el 19 de julio del 2017.

Todo el mundo lo ha juzgado un acierto y una medida muy oportuna este sacarla a la iglesia para el culto público. Además, se han alegrado mucho las personas de Alba sabiendo el origen de procedencia. Y mucho más cuando se tiene en cuenta que de esta manera no ha salido de la provincia de Salamanca. Ha sido, por eso, la solución más oportuna y razonable.

Hay que añadir a lo dicho, que las comunidades de frailes y monjas de Alba, como también ambas dos de Salamanca, han tenido desde la época fundacional una relación muy estrecha con Ledesma. Y es que los confesores y predicadores de las monjas de Ledesma siempre fueron siempre de aquí. Y ambas comunidades masculinas les han dado siempre mucho trabajo en su especialidad de encuadernación de libros y revistas.

Pero hay más. La historia demuestra unos vínculos más profundos cuando se pasa revista a la lista de monjas profesas de Ledesma, porque muchas de ellas provenían de la misma villa de Alba o de los pueblos del contorno.

Así, además de las 3 monjas fundadoras que salieron de Alba (María Teresa de Jesús, Teresa María de los Santos Reyes y Dolores del Corazón de María), fue monja allí Ignacia del Corazón de Jesús (Coca), natural de Peñaranda; Josefa del Carmen (Alonso) natural de Tordillos; allí tuvo también una hermana monja el Padre Raimundo Barrado, María Pilar de San José (Matea Barrado); Teresa Margarita del Sagrado Corazón, natural de Pedraza, viuda de Tomás, un militar de Alba muerto en la guerra civil; María Cleofé de San José (Moro Sancho) de Galisancho y familiar de los Moros de Alba; María Ángeles de la Inmaculada (García), natural de Martín Vicente.

Todas estas monjas, ya fallecidas, como las últimas prioras (María Carmen, Ester, Cleofé…), estoy seguro de que habrían aprobado esta medida si estuvieran en vida. Y allí donde estén ahora, ya fallecidas, se verán muy satisfechas por todo lo ocurrido en estos días.

Así que esta imagen de santa Teresa de la segunda mitad del siglo XIX, propiedad del Carmelo de Ledesma (1876-2017), no ha venido a parar a un lugar desconocido, ni nos ha tocado por casualidad ni sorteo de bienes; ha sido la mejor herencia y el recuerdo que quedará para siempre del Carmelo del Salvador en Alba de Tormes, junto al sepulcro teresiano, y desde luego como el mejor complemento (no una contrincante ni opositora) de la tradicional y clásica imagen teresiana albense, siempre en clausura, que solo vemos anualmente por las fiestas de agosto y de octubre. Desde luego la de Alba la aventaja en antigüedad, se compró en torno al 1820 (ver artículo en Libro de fiestas de Alba, 2005, pp. 165-178), y para el imaginario albense la Santa sólo es una, la que nos sorprende apareciendo por la puerta de clausura del convento cada año. Y así seguirá siendo.

Conclusión

No nos queda sino agradecer el acuerdo tomado por las hermanas carmelitas ledesminas y la generosidad que han tenido en regalarnos no sólo la imagen, sino además las andas, procesionales, faroles, vestidos y tocas, y hasta los atributos de doctora (birrete, pluma y libro, paloma del Espíritu Santo). Como también el recordar a la villa de Ledesma que cuando peregrinen a Alba tienen todo el derecho a contemplarla y así poder constatar que está a buen recaudo y en el sitio mejor que se hubiera pensado para ella. Este es un motivo más que nos une ahora a esa antigua villa del campo charro.

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