Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua»
07-08-2020
«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua»

La misión de Jesús comprende dos frentes o dos trabajos bien definidos: por un lado se tiene que ocupar de  la gente que le escucha o puede escuchar y que le necesita y por otro de sus discípulos, quienes serán el medio elegido para poder llegar a todas las personas y todas la épocas, lugares y situaciones. Se trata de encuentros diferentes, a niveles distintos pero con un mismo objetivo y corazón: la comprensión y aceptación de la persona de Jesús y lo que Él significa. Y para hacerse realidad no hay otro camino que un encuentro y relación profundos entre Jesús y cada uno. Entre ellos y muy especialmente en este Evangelio según San Mateo, se sitúa a Pedro, el pescador a quien entre Jesús y el evangelista se esmeran en preparar para la misión específica que ha de recibir. No es la primera vez (primera lectura) en que un profeta o un pastor necesita un encuentro fuerte y directo con el Dios vivo para sostenerse, reorientarse o para ambas cosas, mejor. Elías ha rehecho, a la inversa, el camino de Israel hasta el monte de Dios para exponer –cree él– al Señor la terrible situación de abandono de la alianza y la persecución que sufren los verdaderos creyentes que aun permanecen fieles al Señor. Y aunque el Dios de Israel no le compadece lo más mínimo, sí le regala una verdadera experiencia de su presencia y su actuación. Su acción –parece indicar el texto– no se produce  de modo externo o aparatoso sino que, más bien, tiene la forma de un aire sutil que solo sienten –y por tanto solo actúa– en aquellos que están advertidos y expectantes, en aquellos que creen. Esta sutileza está destinada a conservar el misterio y la oscuridad que el verdadero encuentro con Dios necesita.

Pedro también necesita una experiencia así. Jesús se les manifiesta andando sobre el agua, dominando el viento y unos elementos que para ellos son claramente hostiles. Se trata de una “cristofanía”, como la de Horeb y las de la resurrección que manifiesta su realidad profunda y la situación de ellos: creyentes pero desconfiados y asustados. Es Pedro, el que quiere ser valiente, que se lanza y confía, al menos inicialmente, en la palabra del Maestro pero enseguida, dándose cuenta de la situación, se amilana y se hunde. Jesús le salva y le recuerda que aún tiene poca fe, pero lo más importante es lo que ha conseguido: romper prejuicios y miedos y lanzarse al mar embravecido. Puede que sea poca, pero es fe y les basta a todos para confesar que este hombre, su amigo, su maestro es el Hijo de Dios. El arrojo de uno y su confianza, aunque haya sido poca, ha bastado para que todos hagan una experiencia única, fundamental, que les ha hecho saber en qué manos están. Igualmente a cada uno de nosotros cada rato de oración, cada opción y momento de trabajo efectivo por el reino nos hace saber con quién estamos y a dónde nos dirigimos.

» Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (19,9a.11-13a):

En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va pasar!»
Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hizo trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (9,1-5):

Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-33):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»

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